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Lo que Rubén López heredó de su papá no fue el talento - Jerry Velazquez

1 jul 2023
6 min de lectura

Actualizado: hace 2 días

Un señor de más de setenta años se levanta a las cuatro de la mañana. Ya casi no toca en vivo. Se sienta solo en un cuartito de su casa en San Mateo y practica lo mismo que practicaba a los veinte.

Su hijo le pregunta por qué no descansa, por qué no disfruta la vida. Y él contesta: "Esto es disfrutar la vida para mí."

Ese señor era Álvaro López, baterista, y le heredó el nombre a uno de sus hijos. De ese cuartito salieron dos: el ingeniero de mezcla Rubén López y el baterista y productor Álvaro López. La escena de las cuatro de la mañana explica más de esas dos carreras que cualquier apellido.

Estamos aprendiendo mal

Vivimos en el mejor momento de la historia para aprender cualquier oficio. Un tutorial de cualquier cosa está a tres segundos de distancia.

Y aun así, Rubén López —ingeniero de audio con Grammy y Latin Grammy— dice que tiene un conflicto con YouTube. No con la herramienta: con lo que le está haciendo a la gente que quiere aprender.

"Eso nos hace cada vez ser menos esforzados", dice. "Ahí viene lo peligroso."

Su ejemplo es de músico y sirve para cualquier profesión: "Es como las notas, si no las conoces, pues cómo vas a armonizar." El tutorial te da la solución a un problema. No te da el marco que te permite reconocer el problema la próxima vez, cuando venga disfrazado de otra cosa.

Para dimensionar de qué escala de repetición estamos hablando: la Percussive Arts Society reconoce 40 rudimentos internacionales de batería, agrupados en cuatro familias —redobles, paradiddles, flams y drags—. Un paradiddle no es una canción ni un ritmo. Es un patrón de golpes alternados, el equivalente a una escala. La indicación oficial de práctica es tocarlos lento, luego rápido, luego lento otra vez.

Eso es lo que el papá de Rubén hacía a las cuatro de la mañana. No estaba componiendo. Estaba haciendo escalas, cincuenta años después de aprenderlas.

Quién es Rubén López

Rubén López es ingeniero de audio y mezcla mexicano. Ha trabajado con Ricky Martin, Thalía, Paulina Rubio, Alejandra Guzmán, Cristian Castro, Emmanuel, Mijares, Ricardo Arjona, Juan Gabriel y Carlos Rivera, entre muchos otros, además de figuras de la música cristiana como Marcos Witt, Miel San Marcos y Samuel Hernández.

Tiene un Latin Grammy y un Grammy americano. Es parte del jurado de los Latin Grammy. Y es sobreviviente de un trasplante de hígado, una historia que ya contó completa en su testimonio de restauración.

Es hermano del baterista y productor Álvaro López, el que lleva el nombre del papá, con quien conversé aparte sobre lo que la iglesia le debe a sus músicos.

Este artículo va del otro lado de su vida: el oficio, y de dónde salió.

Lo que de verdad heredó fue el acceso

Aquí está el detalle que casi nadie cuenta cuando habla de "familias de músicos".

En vacaciones escolares, Rubén trabajaba de "secre" de su papá. En esa época así le decían al secretario, y el puesto era exactamente lo que suena: armar la batería, manejar, ir por las tortas, ir por el refresco.

Y en el camino pasó esto: "Prácticamente conocí todos los estudios de grabación de este país. Conocí a todos los ingenieros, conocí a todos los productores, arreglistas, músicos."

No heredó oído. Heredó años de estar adentro del cuarto donde pasaban las cosas, cargando cajas.

Él mismo lo dice de otra manera: era algo que iba más allá de la relación de papá e hijo, era lo que los unía. Pero en términos de carrera, ese muchacho acumuló una década de contexto profesional antes de decidir a qué se iba a dedicar.

Vale la pena mirarlo también al revés, porque tiene que ver con lo que los papás transmiten sin proponérselo. Lo que se hereda casi nunca es la habilidad. Es la normalidad: lo que en tu casa se veía como obvio.

"Yo solamente subo faders"

Cuando le preguntan cómo logra que un disco suene como suena, contesta eso y la gente se ríe, pensando que es un chiste.

No lo es del todo. Su definición del trabajo es de las cosas más precisas que he escuchado sobre cualquier oficio: mezclar no es crear sonidos, porque "los sonidos ya están de origen". Mezclar es "exponer dignamente la obra intelectual de la música".

Léelo otra vez: exponer dignamente. No lucirse. No firmar. Poner el trabajo de alguien más en su mejor versión posible y salirse del cuadro.

Y él agrega la parte que no se enseña: además del conocimiento hay algo más, que llama inspiración, y que dice que no viene del hombre. Antes de empezar a mezclar, ora. Cristiano o no el proyecto, cristiano o no el artista.

"¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición" (Proverbios 22:29, RVR1960).

Ese proverbio no habla de talento. Habla de diligencia. Y describe con exactitud la carrera de un muchacho que empezó cargando tarolas y terminó mezclando para gente que llena estadios.

El disco que pasó cinco meses en el coche

Rubén no llegó a la fe por una predicación. Marcos Witt le regaló un disco al terminar un congreso y le dijo, con esa voz suya: toma, estoy seguro que va a ser de bendición.

El disco se quedó guardado cinco o seis meses.

Hasta que un día, en el Periférico, con un tráfico insoportable, se le acabaron todos sus discos de jazz. Puso el de Witt. Y no arrancó en el track uno: arrancó en el seis, con "Cien ovejas".

Llegó a su casa y le dijo a su esposa que Jesús estaba vivo, no muerto como él pensaba.

Hay un detalle más que dice mucho sobre cómo se influye en alguien. En esa época Rubén fumaba muchísimo. Salía a fumar cinco o seis cigarros durante la predicación y regresaba al congreso oliendo a eso. Marcos Witt nunca le dijo que le bajara. Nunca lo llamó pecador ni le advirtió del infierno, como sí hicieron otros.

Le llevaba pastillitas.

Lo incómodo: el legado venía envuelto en algo que hoy no defenderíamos

Hay una parte de esta historia que no se puede contar bonita.

El papá era duro. Rubén lo dice sin adornos: "Las letras entraban a golpes y la música entraba a vaquetazos." Cuenta que veía a un alumno —Ricardo Capón, hoy baterista de Flans y Pandora— bajar las escaleras llorando porque su papá acababa de correrlo de la clase. Yo cuento en el mismo episodio que un maestro mío, alumno de ese señor, me dio un vaquetazo en la mano para corregirme la técnica.

Aquí hay que decir dos cosas y no una.

La primera: esa escuela produjo músicos extraordinarios, y sería deshonesto fingir que no. La segunda: pegarle a un alumno no es enseñar, y hoy tiene un nombre. El estándar se puede heredar sin heredar el método. Que alguien haya salido bueno de ahí no valida el camino; a muchos otros los sacó del oficio para siempre, y de esos no hay entrevistas.

Y sobre su crítica a YouTube, la objeción también es justa: Rubén aprendió estando adentro de los estudios porque era hijo de quien era. Ese acceso no estaba disponible para casi nadie. YouTube, con todos sus defectos, le abrió la puerta a gente que nunca iba a ser el "secre" de nadie. Lo que sigue siendo cierto de su punto es lo otro: la puerta se abrió, las horas no se acortaron.

Qué revisar esta semana

Identifica tu paradiddle. ¿Cuál es el fundamento aburrido de lo que haces, ese que ya "sabes" y dejaste de practicar hace años? Nómbralo. Ese es.

Cuenta horas, no tutoriales. Ver a alguien resolver un problema no es haberlo resuelto tú. Llevar la cuenta de videos vistos da una sensación de avance que no corresponde a nada.

Busca proximidad antes que atajo. Si puedes estar en el cuarto donde pasa lo que quieres aprender, aunque sea cargando cajas, vale más que un curso. Sobre esa diferencia entre estar listo y no estarlo cuando toca, ya escribí a partir de otra plática del podcast.

Y una que no es técnica: la gente que marcó a Rubén no lo corrigió. Marcos Witt no le dijo que dejara de fumar; le dio un disco y le llevó pastillas. Piensa a quién estás queriendo corregir y qué pasaría si en vez de eso te quedaras cerca.

El episodio completo

La plática completa con Rubén López en Una Plática Muy Natural.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Rubén López, el ingeniero de audio?

Es ingeniero de mezcla mexicano, ganador de Latin Grammy y Grammy, y jurado de los Latin Grammy. Ha trabajado con Ricky Martin, Juan Gabriel, Carlos Rivera y Marcos Witt, entre muchos otros.

¿Qué es un paradiddle y para qué sirve?

Es un rudimento de batería: un patrón de golpes alternados que funciona como una escala para el baterista. La Percussive Arts Society reconoce 40 rudimentos internacionales y el paradiddle es una de sus cuatro familias.

¿Qué hace exactamente un ingeniero de mezcla?

Según Rubén López, no crea los sonidos —esos ya existen en la grabación—, sino que los equilibra para "exponer dignamente la obra intelectual de la música". Es el paso entre la grabación y el disco terminado.

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