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El testimonio de Rubén López: cuando Dios te restaura con oro

18 ene 2024
7 min de lectura

Actualizado: hace 7 días

Los médicos a veces le preguntan qué se siente morirse. Él se murió en un quirófano durante un trasplante de hígado.

Su respuesta decepciona a todo el mundo: "ni cuenta me di".

Podría inventar el túnel de luz y los ángeles. Sabe que esa versión se comparte más. No la da. Y esa negativa a adornar es, curiosamente, lo que hace que valga la pena escuchar el resto.

Un testimonio que se niega a exagerar

Hay un momento del episodio que lo resume. Su esposa estaba en terapia intensiva con una hemorragia cerebral. Él fue a decirles a sus hijos que había quedado muy mal, que tenían que aprender a cuidarla así.

Y su hijo Rubén le dijo: "Papá, Dios va a hacer algo poderoso."

Lo natural habría sido responder "amén, gloria a Dios". No dijo nada. Su explicación: "¿cómo le voy a decir algo que Dios no lo hizo?"

Ese mismo cuidado aparece cuando cuenta lo que aprendió manejando de regreso, tan roto que tuvo que orillarse porque iba a matar a alguien. Siempre había creído que clamar a Dios era gritar, desesperado. Ahí entendió otra cosa: "clamar a Dios es hablar con el alma rota".

Quién es Rubén López

Es ingeniero de audio y mezcla, con más de dos décadas de trayectoria. En el episodio menciona haber trabajado con más de cuarenta artistas: Ricky Martin, Thalía, Paulina Rubio, Alejandra Guzmán, Emmanuel. Al momento de grabar estaba terminando el nuevo disco de Thalía para Sony y venía de cerrar el proyecto Jericó, cuatro años de trabajo. Tiene Grammy y Latin Grammy, y forma parte del jurado de los Latin Grammy.

También da clases, y ahí suelta una idea que no suena a discurso motivacional: a sus alumnos les dice que buena parte del éxito en la industria de la música es la tolerancia al fracaso. Su lectura es que hoy los jóvenes no toleran fracasar, en parte porque los padres no respetaron ese espacio.

Del oficio invisible del ingeniero de audio ya escribimos en este otro episodio con él sobre los Grammys. Aquí el tema es otro.

Dieciocho años preguntando por qué

Vivió dieciocho años con hepatitis C sin cura disponible, preguntándole a Dios por qué él. En ese tiempo, cuenta, oró en El Salvador por un niño enfermo; a los tres o cuatro días el papá le llamó para decirle que el niño ya no tenía nada.

Su reacción no fue "gloria a Dios". Fue: "Señor, ¿por qué sanaste a este escuincle y a mí no, que llevo tantos años pidiéndotelo?"

Vale la pena decir algo que cambió desde entonces, porque a alguien le puede servir hoy. La hepatitis C ya se cura. Los antivirales de acción directa alcanzan tasas de curación superiores al 95% con tratamientos orales de entre 8 y 12 semanas, y en México tanto la prueba como el tratamiento son gratuitos dentro del Programa Nacional de Eliminación de la Hepatitis C. El problema hoy no es la cura: es encontrar a quienes la tienen sin saberlo.

Lo del trasplante sigue siendo otra historia. Al corte de febrero de 2026 había 18,626 personas en lista de espera de algún órgano o tejido en México, de las cuales 229 esperaban un hígado, según el Centro Nacional de Trasplantes. Catorce personas mueren cada día esperando.

Él estuvo en esa lista. Se murió en la mesa. Salió del otro lado.

"No pierdas tu bendición"

Y entonces, ya trasplantado, se le hizo fácil.

Antes fumaba tres cajetillas diarias. Después de la cirugía empezó a pensar que una fumadita no le haría nada. Una fumadita, luego dos, luego medio cigarro. Lo cuenta sin dramatizarlo, incluso con humor: iba bajando del estudio con su plan listo, saboreándose los tres jalones.

Al pasar por el comedor escuchó algo. No una voz audible, aclara, sino una autoridad adentro: "no pierdas tu bendición". Se detuvo, pensó que se estaba volviendo loco, agarró vuelo otra vez, y la segunda fue más imperativa. Se regresó.

Su diagnóstico de por qué pasa esto es incómodo: "cuando vemos cotidiano la mano de Dios en nuestras vidas, nos acostumbramos". Y lo aplica sin filtro a lo que ve alrededor: las puertas que se abren "nada más tantito" —el internet, la pornografía— y a los meses ya son otra cosa.

Fe que no es presunción

Esta es la parte que más falta en los testimonios de milagros, y él la puso solo.

Cuando alguien cita que "aunque pases por el fuego no te quemarás", Rubén marca la raya. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti (Isaías 43:2, RVR1960) no significa que puedas tomar un hacha y ponerte el brazo. Ni aventarte del piso 62. Ni llegar a la agencia a recoger el coche que Dios supuestamente te va a regalar.

Su regla es de una sencillez brutal: si te duele la cabeza, vas al médico. Si te duele el hígado, vas al médico. Te haces el tratamiento completo. "El asunto es que si después de ese tratamiento ya no hay nada que hacer, es cuando Dios obra." Y remata: no le aflojes los birlos a las llantas y digas aleluya.

Hay una corrección teológica todavía más filosa. Sobre en el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Juan 16:33, RVR1960), Rubén dice que él lo entendía mal: pensaba que si Jesús venció, él también vencería. Su conclusión hoy: "tú no vas a vencer al mundo, eso es un hecho. El secreto es que dejes que Jesús pelee tus batallas."

Conviene decir el reparo, porque también esto se puede torcer: "que Dios pelee" no es una licencia para la pasividad ni para dejar de ir a terapia, de trabajar o de tomar decisiones. Él mismo lo demuestra: fue al médico, se trasplantó, hizo el tratamiento. La entrega es a lo que ya no está en tus manos, no a lo que sí lo está.

Restaurado con oro

De aquí sale la imagen que le da título al episodio, y es de él.

En Japón, cuando se rompe una pieza de cerámica, hay una tradición que no la desecha: la repara rellenando las grietas con oro. La pieza reparada vale más que la original, y las cicatrices quedan a la vista.

Rubén lo aplica así: cuando Dios te restaura, no te limpia y te esconde la grieta, te sella con oro. Y lo dice de sus propias fracturas, sin maquillarlas: vivió bajo un puente, estuvo en la cárcel, lo atropelló un microbús, destruyó su matrimonio con una situación de adulterio que reconoce con vergüenza y con su esposa sentada al lado. Dios restauró ese matrimonio.

Su comparación favorita para explicarlo: no vale lo mismo un balón de doscientos pesos que un balón que pasó por las manos de Michael Jordan.

Y su frase sobre los premios, después de que su esposa sobreviviera a la hemorragia: "mi mejor Grammy es la vida de mi esposa." De nada le habrían servido cincuenta sin ella. Sobre el proceso de reconstrucción interior escribimos también en sanidad del alma.

Lo que le dijo a los músicos de iglesia

Aquí se puso incómodo, y es lo mejor del episodio para quien sirve en una congregación.

Rubén sostiene que muchos músicos y líderes de alabanza creen que la gente va a la iglesia a verlos, como si fuera un show. Su corrección: "muchas estrellitas queremos brillar, pero cuando la luz de justicia brilla, las estrellitas no se ven."

Y el recordatorio de quién está del otro lado: a la iglesia no llega la gente que está bien. Llega gente enferma, lastimada, decepcionada, gente que lleva diez o veinte años esperando un milagro. Esa gente no fue a evaluar cómo tocas la guitarra. Su conclusión práctica es de una línea: hay que amarlos.

Se incluye a sí mismo en el diagnóstico. Dice que la música es una profesión "alcahueta" en la que pierdes el piso en cinco segundos, y que cuando recibió a Cristo lo hizo solo, en el tráfico del Periférico. Sobre quienes le habían predicado antes es tajante: "la gente que me predicó me hizo no creer en el Señor."

Qué hacer con esto esta semana

Si llevas años con un diagnóstico, vuelve a preguntar. La medicina de hace quince años no es la de hoy. Lo de la hepatitis C es el ejemplo exacto: lo que no tenía cura cuando él enfermó, hoy se cura en tres meses y gratis.

Revisa la puerta chiquita. No la crisis grande: la fumadita. Rubén insiste en que el problema nunca es el primer paso, es la costumbre que viene después.

Si vas a acompañar a alguien en crisis, no prometas lo que Dios no ha hecho. Puedes estar, callarte y sostener. Eso también es fe.

Si sirves en una iglesia, mira a quién le estás cantando. No al que grabó el video: al que llegó lastimado y no se lo dijo a nadie.

Una nota necesaria

Este artículo recoge un testimonio personal. No es consejo médico ni sustituye tratamiento. Si tienes una enfermedad crónica, síntomas nuevos o una situación de salud mental que no puedes sostener, busca atención profesional; el propio Rubén insiste en que el médico va primero. Si consideras donar órganos, coméntalo con tu familia: la negativa familiar es una de las razones por las que se pierden donaciones en México.

El episodio

La conversación completa con Rubén López en Una Plática Muy Natural.

Escúchalo también en Spotify:

Preguntas frecuentes

¿Qué significa que Dios te restaura con oro?

Es una imagen tomada de la tradición japonesa de reparar cerámica rellenando las grietas con oro. La idea es que la restauración no borra la cicatriz: la deja visible y le da más valor a la pieza que antes de romperse.

¿La hepatitis C tiene cura?

Sí. Los antivirales de acción directa curan más del 95% de los casos con tratamientos orales de 8 a 12 semanas, y en México la prueba y el tratamiento son gratuitos dentro del programa nacional de eliminación.

¿Tener fe significa no ir al médico?

No. En el episodio Rubén es explícito: primero el médico y el tratamiento completo. Confiar en Dios no es lo mismo que ponerse en riesgo a propósito, que es lo que la Biblia llama tentar a Dios.

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