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Por qué la iglesia regatea el equipo y el palenque no - Jerry Velazquez

10 nov 2025
7 min de lectura

Actualizado: hace 2 días

Un promotor secular te manda el rider. Tú le mandas el contra-rider con tu precio. Te confirma o no te vuelve a llamar. Se acabó.

Una iglesia te pide cotización, te regatea una semana, y al final cancela y arma el equipo con lo que le prestan los hermanos.

Jorge Mendoza, "El Nene", ha estado de los dos lados: baterista primero, dueño de una empresa de audio y backline después. Y lo que describe no es un pleito por dinero. Es un problema de oficio.

Qué es un rider y por qué esta conversación no es sobre avaricia

Un rider técnico es la lista de lo que una banda necesita para tocar: consola, monitores, micrófonos, la batería específica, los platillos, cuántos canales, qué potencia. El backline es la parte física de eso: los instrumentos y amplificadores que se rentan en el lugar del evento en vez de traerlos de casa.

Existe porque mover una batería completa por carretera o por avión cuesta más que rentarla allá. Es un oficio entero: catálogo de equipo, almacén, seguros, transporte, técnicos, mantenimiento.

Y ahí está el punto que Jorge trae, y que casi nadie discute en la iglesia: cuando le pides a un proveedor un descuento "por ser del Señor", no le estás pidiendo que done su trabajo. Le estás pidiendo que done la depreciación de un equipo que él pagó.

Quién es Jorge Mendoza

Baterista mexicano y fundador de Audio Imagen Producciones, una empresa de audio, iluminación y backline. Su frase de trabajo es la que explica el negocio entero: "un músico atiende a otro músico."

No es un eslogan decorativo. Significa que el que te contesta el teléfono sabe qué es un pedal doble y por qué no da lo mismo un parche que otro, porque toca. Ese es el único diferenciador real que tiene una empresa chica contra una grande.

Viene además de casa: su papá también era músico, y una de las mejores historias del episodio es suya, no de Jorge.

"Mole chile dulce"

Así le llama al equipo que se arma a préstamo.

La escena es común en congregaciones de todos los tamaños: el evento se aprueba, no hay presupuesto, y entonces se pide prestado. La consola la trae un hermano, los micrófonos otro, la batería es de la iglesia de al lado, los platillos son de tres marcas distintas. Nada está calibrado entre sí, y nadie responde si algo truena.

El resultado suena exactamente como lo que es. Y eso no es ahorrar: es trasladar el costo al músico que prestó, al técnico que tiene que hacer funcionar piezas que no se conocen entre sí, y al que está en la banca oyendo un sonido malo.

Sobre el hábito de exigirle al músico dedicación profesional sin ningún respaldo, Álvaro López lo dijo desde el lado del que toca. Jorge lo está diciendo desde el lado del que renta. Son el mismo reclamo visto desde dos sillas.

El dato que aterriza la paradoja

Aquí está la frase que más incomoda del episodio, y es una pregunta, no una acusación:

"Estamos dando un boleto de 10,000, 11,000 pesos" para ir a ver a un artista secular, dice, mientras un concierto cristiano de 300 o 400 pesos no llena.

La cifra que menciona no es exagerada. Para el cierre de gira de Luis Miguel en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México, el boleto VIP de primeras filas costó 10,733.75 pesos, cargos incluidos, en un inmueble de unas 65 mil personas. Se agotó.

O sea: el dinero existe y la disposición a gastarlo también. Lo que cambia no es la cartera, sino cuánto vale el evento a los ojos del que compra.

No lo pongo como regaño al que no fue, sino como dato para el que organiza: si tu evento vale 400 pesos y no se llena, el problema probablemente no sea el precio.

Lo que les pasa a los instrumentos

Esta es la parte del episodio donde a Jorge se le nota que le duele, y la dice sin diplomacia.

Parches de batería destruidos un mes después de haberlos cambiado. Micrófonos de cuarenta mil pesos con el botón muerto. Una DW Collector's, una batería que pasa de los cien mil pesos, maltratada hasta quedar inservible.

Su explicación es de tres palabras: "como no les costaron."

Y conviene entender lo que un parche es, porque ahí se ve el tamaño del descuido: es consumible, se gasta con el uso normal y se cambia. Pero un parche no se rompe en un mes tocando bien. Se rompe en un mes pegándole mal.

Ahí es donde esta conversación se junta con la de las horas de estudio. David López cuenta que el músico promedio de iglesia estudia treinta minutos al día. El que estudia sabe dónde golpear el parche; el que no, le pega al aro. El equipo maltratado no siempre es un problema de cuidado: muchas veces es la factura de una técnica que nadie corrigió.

Lo que le costó cambiar de oficio

Aquí está la parte honesta del episodio, y es la que no suele contarse cuando alguien pone un negocio.

Jorge dice que cuando se metió de lleno a la empresa "dejó de sonar el teléfono, no me llama nadie." No porque lo hubieran rechazado. Porque ya no estaba disponible: el que renta equipo el sábado no puede ser el baterista contratado del sábado.

Es un costo real y se paga completo, y nadie te avisa: un día notas que llevas meses sin que te llamen a tocar, y entiendes que la razón eres tú.

Si estás pensando en convertir tu oficio en negocio, hay una parte administrativa que conviene resolver desde el principio y de la que ya escribí aparte: el registro de marca ante el IMPI. El nombre con el que te conocen es lo primero que se pierde si alguien más lo registra.

El piano del Auditorio Nacional

La mejor historia del episodio es de su papá.

Se estaban robando un piano del Auditorio Nacional. El hombre no gritó, no llamó a nadie, no armó un escándalo. Alcanzó al que se lo llevaba y le dijo, tranquilo:

"Oye, muchas gracias mi hermano, te agradezco mucho por traérmelo hasta acá."

El tipo lo dejó y se fue.

La cuento porque retrata un estilo completo: resolver sin humillar a nadie. Es lo mismo que Jorge intenta hacer cuando una iglesia le regatea: no da el sermón, da la cotización. Aunque no siempre le salga.

Lo incómodo: dos cosas

Primera, la pregunta que él se hizo antes de dedicarse a esto.

¿Puede un músico cristiano trabajar en eventos seculares? Se la llevó a Héctor Hermosillo, y la respuesta que recibió fueron dos textos.

Uno: "porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo" (1 Timoteo 5:8, RVR1960).

Otro: "No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre" (Mateo 15:11, RVR1960).

Hay que decir que la segunda cita, en su contexto, es sobre comida y sobre pureza ritual, no sobre trabajo. Se está usando por extensión. La extensión es defendible, porque el principio es que la contaminación es del corazón y no del lugar, pero es una aplicación y no el sentido literal del pasaje, y conviene decirlo así.

Y también hay que decir que no todos los pastores contestan eso. Hay congregaciones donde tocar en un palenque te cuesta el ministerio. Jorge no está zanjando un debate: está contando qué le contestaron a él.

Segunda, la que le toca a él.

Su queja tiene un punto ciego: es el proveedor hablando de sus clientes. La iglesia que regatea una semana muchas veces no está siendo tacaña; está juntando la ofrenda de doscientas personas que ganan salario mínimo. La mayoría de las congregaciones mexicanas no tiene presupuesto para nada, y ese no es un problema de valoración sino de aritmética.

Lo que sí queda en pie de su reclamo es lo otro, y es verificable: pedir el descuento y además devolver el equipo roto son dos cosas distintas. La segunda no tiene nada que ver con el presupuesto.

Qué revisar esta semana

Si organizas eventos en tu iglesia: pide una cotización real antes de pedir un favor. Vas a descubrir que el precio no era el abuso que imaginabas, y si no alcanza, vas a poder decidir con números en vez de con incomodidad.

Si tocas: revisa el estado del equipo que usaste el domingo pasado. No el tuyo: el prestado. Si hay algo roto, avísalo tú antes de que lo descubran.

Si estás pensando en emprender con tu oficio: cuenta primero lo que vas a dejar de ganar mientras arrancas, no lo que vas a ganar. Ese es el número que hace fracasar a la mayoría.

Y una que aplica a cualquiera: la próxima vez que pienses que algo cristiano "debería ser gratis", pregúntate quién está pagando la diferencia. Siempre hay alguien.

Este artículo menciona decisiones de negocio y de trabajo. No sustituye asesoría legal, fiscal ni financiera profesional.

El episodio completo

PODCAST #65 Jorge Mendoza "El Nene"

La conversación completa con Jorge Mendoza "El Nene" está en Una Plática Muy Natural.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el backline en un concierto?

Es el equipo de instrumentos y amplificación que se renta en la sede del evento: batería, bajos, guitarras, amplificadores, en lugar de transportarlo desde el lugar de origen de la banda. Se contrata por evento y suele incluir montaje y técnico.

¿Puede un músico cristiano tocar en eventos seculares?

No hay una norma única y las congregaciones difieren. Jorge Mendoza cuenta que la respuesta que recibió de Héctor Hermosillo se apoyó en 1 Timoteo 5:8, sobre la obligación de proveer para los suyos, y en Mateo 15:11, sobre que lo que contamina sale del corazón y no del entorno.

¿Por qué es tan caro rentar equipo de audio?

Porque el precio no cubre solo el uso: cubre la depreciación del equipo, el mantenimiento, los consumibles como parches y cuerdas, el transporte, los seguros y el personal técnico. Un micrófono profesional puede costar decenas de miles de pesos y se amortiza a lo largo de muchos eventos.

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