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Empezó con 300 personas y un globo rosa porque era el más barato - Jerry Velazquez

29 mar 2024
7 min de lectura

Actualizado: 11 sept

Eran unas trescientas personas caminando hacia el Zócalo. Llevaban un globo enorme, cargado entre varios, que decía "Jesucristo es Señor de México".

Alguien se acercó con la única pregunta que importaba ese día: oye, ¿y por qué el globo es rosa?

El papá de Pablo Quiroa se soltó a reír. "Pues rosa porque para eso nos alcanzó, compadre."

Era el más barato que consiguieron.

De qué tamaño es esto en realidad

La Marcha para Jesús no nació en México. El modelo grande está en Brasil, y conviene saber su escala antes de hablar de la mexicana.

La edición 34 de la Marcha para Jesus de São Paulo reunió cerca de dos millones de personas el 4 de junio de 2026, según la propia alcaldía. Tres kilómetros y medio de recorrido, más de 26 mil caravanas inscritas desde todo Brasil y delegaciones de Estados Unidos, España, México, Alemania y Guatemala.

Pablo vivió allá un par de años como misionero, con su esposa y sus hijas, y habla portugués. Cuenta que una noche salieron a evangelizar al sambódromo en pleno carnaval, y su conclusión es la que sorprende: esa multitud, dice, no se compara con la de la marcha.

En México la marcha va por su edición número 29 y camina sobre Paseo de la Reforma. Pablo calcula unas 200 mil personas sobre la avenida y unas 400 mil contando a quienes solo llegan al Zócalo. Volveré a esos números más abajo, porque hay algo que decir sobre ellos.

Quién es Pablo Quiroa

Tiene 36 años y es obispo de Renacer México. Está al frente de Ondas de Vida 1440 AM, la estación que fundó su papá, Carlos Quiroa, que es también el fundador de la marcha.

Cuando todo empezó, Pablo tenía seis o siete años. Su currículum no es de oficina: repartir folletos, cargar globos, y a los doce, predicar por primera vez en la Alameda Central.

Hoy hace lo mismo con sus hijas de 12 y 9 años. Y cuenta una escena que explica el costo de esto mejor que cualquier cifra: se despidió de la más chica de madrugada, ella se puso a llorar, y él se agachó a preguntarle si le había gustado su fiesta de cumpleaños. Sí. ¿Y cuánto trabajé para tu fiesta? Mucho. "Pues ahora tengo que ir a trabajar por la fiesta más grande de todas."

El día que bloquearon el Eje Central

Pablo tenía doce años. Era viernes. La marcha era el sábado.

Estaban cerrando una jornada de evangelismo en la Alameda cuando alguien llegó con un folder y se lo entregó a su papá. Su papá lo leyó y anunció lo que decía: les habían cancelado el permiso. Faltaban menos de veinticuatro horas.

Lo que hizo fue tomar el micrófono.

"Todos los que están conmigo bloquean el Eje Central. Tres más se vienen conmigo."

Ahí estaban su mamá y sus cuatro hijos: Pablo de 12, Josué de 10, Vicky de 4 o 5, y Elías, que tenía uno o dos años. Sentados en el asfalto un par de horas, con los hermanos de varias iglesias.

Su papá volvió gritando desde lejos que ya podían levantarse. Traía el permiso.

Esto no es una anécdota simpática

En las primeras marchas les aventaban piedras. Pablo dice que de la parte de atrás del contingente venían gritando que hicieran algo, que había gente descalabrada sobre Reforma.

Y él subraya lo que eso significa: no estamos hablando de Corea del Norte ni de China. Estamos hablando de la Ciudad de México hace veintitantos años.

Esa historia tiene un contexto verificable y es más duro de lo que la mayoría recuerda. Una investigación publicada en Estudios Sociológicos documenta que alrededor de 30 mil personas fueron expulsadas de Los Altos de Chiapas por motivos religiosos entre los años setenta y finales de los noventa, sobre todo de Chamula y Zinacantán. En ese mismo periodo la población evangélica de la región pasó de 2.1% en 1950 a 21.8% en 2000.

La intolerancia religiosa en México no es una queja retórica. Tiene expedientes.

La votación de Ciudad Juárez

Esta es la mejor historia del episodio y la razón por la que vale la pena leer hasta aquí.

En 2023, al encargado de asuntos religiosos de Ciudad Juárez le llegaron cinco solicitudes distintas para cinco marchas cristianas diferentes. En vez de autorizarlas por separado, propuso que se unieran. Se armó un comité con metodistas, bautistas, presbiterianos, apostólicos, asambleas de Dios y no denominacionales.

Todos dijeron que sí. Y entonces el metodista levantó la mano:

"Yo tengo una pregunta para todo el comité. ¿Van a danzar? Porque nosotros no danzamos."

Lo que pasó después es lo que hace buena la historia. El apostólico contestó que ellos tienen más de dos mil panderistas y danzantes, pero que si hacía falta, venían sin danzar. Y el bautista propuso algo mejor: que se votara.

Se votó. Y ganó que sí se danzara, incluyendo el voto del que había dicho que ellos no danzan.

La marcha de Juárez se hizo el 14 de octubre de 2023 y el boletín del municipio confirma la lista: metodistas, bautistas, apostólicos, asambleas de Dios, Iglesia del Nazareno y la Alianza de El Paso, entre otros.

Sobre por qué el denominacionalismo hace tanto daño, Shealtiel Durán lo trata aparte y con detalle: confundir una diferencia de costumbre con una herejía es lo que mantiene separadas a iglesias que creen lo mismo.

"Quitemos las banderas", y por qué Pablo no está de acuerdo

Aquí tiene una postura que va contra el lugar común.

Casi todo el mundo dice que para lograr unidad hay que bajar las banderas denominacionales. Pablo dice lo contrario: que las levanten todas.

"Qué padre que el que fue salvo bautista continúe bautista hasta el fin. Que marche como bautista. ¿Cuál es el problema?"

Su lógica es que nadie se suma a algo donde tiene que esconder quién es. Y menciona un público específico: el que dice "yo no voy ni a la iglesia, pero amo a Jesús". Ese grupo existe y es el que más rápido crece en México. Una marcha donde nadie te pide credencial es de los pocos lugares donde esa persona cabe.

Lo incómodo: tres cosas

Primera, los números son suyos. Las 200 mil y las 400 mil son estimaciones de los organizadores, y el conteo de multitudes en avenidas abiertas es notoriamente poco confiable en todo el mundo, para cualquier causa. No hay un aforo que cerrar ni boletos que contar. La marcha es masiva, eso se ve; la cifra exacta no la puede sostener nadie, ni a favor ni en contra.

Segunda, los milagros son testimonios. Pablo cuenta dos: un vendedor de dulces en silla de ruedas que se fue caminando y hoy es copastor, y una señora a la que su hijo llevó en camilla, dada de alta por un problema renal, que terminó danzando en la plataforma con Miel San Marcos. Son relatos, no expedientes médicos, y así los presento.

Lo justo es decir que el propio Pablo es el primero en marcar la raya. Al contar aquella noche aclara que hizo el llamado "más por la emoción, no digo por la unción, por la emoción, voy a ser realista". Esa honestidad suya vale más que cualquier matiz que yo pudiera agregar. Y hay que decir lo obvio: nadie debería abandonar un tratamiento médico por lo que leyó aquí.

Tercera, la que da más vueltas. La marcha insiste en que no es una protesta, y es cierto: es una fiesta. Pero su derecho a existir se ganó bloqueando el Eje Central, que es exactamente lo que hace una protesta. Vale la pena reconocerlo en vez de acomodarlo.

Y sobre Juárez: se puede leer como una mayoría imponiéndose a una minoría. Yo lo leo al revés, y creo que ese es el punto. El que ofreció ceder primero fue el que más tenía que perder: los apostólicos, con sus dos mil danzantes, dijeron que venían sin danzar. Y el bautista propuso la votación justamente para que nadie se sacrificara en silencio. La unidad no salió de bajar banderas. Salió de que cada quien estuviera dispuesto a bajar la suya, y de que al final nadie tuvo que hacerlo.

Qué revisar esta semana

Si nunca has ido, ve una vez antes de opinar. Es gratis y es en la calle. La marcha se hace cada año sobre Reforma y los organizadores publican la fecha con meses de anticipación.

Si organizas algo, pregúntate a quién estás dejando fuera sin querer. La pregunta del metodista, "¿van a danzar?", no era un obstáculo. Era información que nadie había pedido.

Y si tu iglesia no colabora con ninguna otra, revisa por qué. En la mayoría de los casos no es doctrina: es costumbre, historia vieja o miedo a que alguien se lleve gente.

Lo que sí se hereda: Pablo repartía folletos a los siete años porque sus papás lo llevaban. Hoy lleva a sus hijas. Eso no se enseña explicando: se enseña llevándolos. Sobre lo que una iglesia transmite cuando de verdad funciona como familia, ya escribimos aquí.

Este artículo relata testimonios personales de sanidad. No sustituye atención ni tratamiento médico profesional.

El episodio completo

La conversación completa con Pablo Quiroa, en Una Plática Muy Natural.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la Marcha para Jesús?

Es una celebración cristiana anual que recorre las calles proclamando a Jesús. Nació en Brasil, donde es el evento cristiano más grande del mundo, y en México se realiza sobre Paseo de la Reforma desde hace casi tres décadas. Sus organizadores insisten en que no es una protesta sino una fiesta.

¿Cuál es la diferencia entre Marcha de Gloria y Marcha para Jesús?

Son el mismo evento. En México nació como Marcha de Gloria y cambió de nombre a Marcha para Jesús para alinearse con el movimiento internacional, después de varios viajes de los organizadores a Brasil. Mucha gente la sigue llamando por el nombre original.

¿Hay que pertenecer a una iglesia para ir?

No. Según Pablo Quiroa, una parte importante de los asistentes son personas que no se congregan en ninguna iglesia, y la marcha es abierta a cualquiera que quiera caminar, incluidos quienes van por curiosidad.

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