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Por qué tu iglesia no se siente como familia

14 may 2024
8 min de lectura

Actualizado: hace 5 días

"Un consiervo conoce tu iglesia. Tu familia conoce tu casa."

Ofir Peña lo dijo casi de pasada, y ahí está el diagnóstico completo. Muchas congregaciones se llaman familia sin haberlo sido nunca, porque se saltaron el paso de en medio.

El orden que casi nadie respeta

Su tesis es una secuencia, y viene del texto.

Jesús les dice a sus discípulos: "Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer" (Juan 15:15, RVR1960). Empezaron como siervos. Pasaron a amigos. Y en la cruz terminaron siendo familia.

Ese es el orden que Ofir señala: siervos, amigos, hijos. Y su observación es que en la iglesia hay muchísima gente que se queda atorada en el primer escalón.

"Hay mucha gente que es consiervo, pero nunca llegan a ser amigos, y jamás se logran ver como familia. Y no crece nada."

Vale la pena notar que en el texto la transición no es sentimental: Jesús los llama amigos porque les dio a conocer lo que oyó del Padre. La amistad ahí es información compartida, no cercanía emocional. Se pasa de siervo a amigo cuando dejas de recibir solo instrucciones y empiezas a recibir contexto.

Su conclusión práctica: si quieres una iglesia que se sienta como casa, no puedes decretarlo desde el púlpito. Tiene que pasar por la amistad. "Es bueno construir iglesias que tengan el aroma de casa."

Quién es Ofir Peña

Ofir Peña ha pastoreado junto con su esposa por más de veinticinco años y dirige la Red Global Cornerstone Latinoamérica, que agrupa alrededor de doscientas iglesias en el continente.

Pero lo que explica mejor su forma de hablar no es el currículum, es una costumbre. Dice que aprendió que "todo hombre es un pozo", y que la diferencia entre una persona y otra es solo la profundidad. Por eso pregunta.

Su método es una sola pregunta, y la regala: cuando encuentres a alguien que es bueno en lo que hace, pídele tres cosas que hayan sido clave para llegar donde llegó. "Te vas a encontrar con personas que te sintetizan en cinco minutos treinta, cuarenta, cincuenta años de experiencia."

Cuenta que se la hizo a un hombre que vendía carnitas en Michoacán. La respuesta: la edad del animal y la temperatura del fuego, "saber cuándo subirle y cuándo bajarle". De ahí le salió una predicación entera sobre las vasijas que el alfarero saca del horno y golpea en el canto: si el sonido es el correcto, sale del fuego; si no, regresa.

La regla para saber si alguien es tu amigo

Esta es la parte más usable del episodio, y cabe en dos palabras: querer y poder.

Su explicación: si tú me pides algo y yo te digo que no puedo, o que no quiero, o que ahorita no —y tu actitud hacia mí no cambia—, somos amigos. Si tu actitud cambia, nunca lo fuimos.

"Si yo digo que no puedo o que no quiero, y tú no cambias tu actitud conmigo, somos realmente amigos. Si cambias tu actitud, nunca fuiste mi amigo."

Es una prueba incómoda porque se aplica en las dos direcciones. Y desarma la definición común —"el que está contigo en las buenas y en las malas"—, que en realidad no distingue nada: mucha gente está presente sin sumar.

De ahí sale también su definición del otro lado: toda relación interpersonal que no está basada en amistad es diplomacia. No es algo malo; la diplomacia es la forma correcta de tratar con cordialidad a alguien que no es tu amigo. El problema es confundirlas. "Si tratas con diplomacia a un amigo, te va a dar un sape."

Y le pone un ancla bíblica: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13, RVR1960). Su lectura: si no tienes amigos, hay una porción del amor de Dios que simplemente no vas a experimentar, porque muchas veces son los amigos los encargados de hacerte sentir amado.

Las matemáticas de "uno hará huir a mil"

Aquí hace un ejercicio que vale la pena seguir.

El texto dice: "¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil...?" (Deuteronomio 32:30, RVR1960).

Su cuenta: si dos hacen huir a diez mil, cada uno vale cinco mil. Entonces, ¿por qué uno solo hace huir a mil y no a cinco mil? Porque falta el otro. "En la Biblia nada funciona con sumas, siempre es multiplicación."

Y de ahí saca la frase que se queda: cuando estás solo usas el 20% de tu potencial; cuando trabajas en equipo se libera el otro 80%.

Dos notas honestas sobre esto. La primera: en su contexto, Deuteronomio 32:30 es una pregunta retórica sobre juicio —Israel huyendo porque Dios lo entregó—, no una fórmula sobre trabajo en equipo. Es un recurso homilético, y funciona como imagen, pero conviene saber que la aritmética es suya y no del texto. La segunda: el principio sí tiene respaldo en otro pasaje que no es discutible, "mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga de su trabajo" (Eclesiastés 4:9).

Tres cosas que le cambiaron la vida

Cuando Jerry le aplicó su propia pregunta, contestó con tres.

Sé puro antes de ser grande. La leyó en el dintel de una puerta en unas montañas de Corea, donde fue a formarse en liderazgo hace muchos años. Dice que esa frase lo persiguió: "aún cuando me he equivocado, o cuando la he regado, esas palabras te ayudan a volver, a alinearte. O cuando se te sube." Sobre qué es de verdad la santidad —y por qué no depende de tu esfuerzo— ya escribimos en otro episodio.

Nunca camines solo. Y aclara el sentido: no es vigilancia, es potencia. Aquí va su mejor línea de la conversación:

"La santidad te da poder, pero la autoridad te da puntería."

Su imagen: alguien pone sus manos sobre las tuyas y te ayuda a apuntar. Gastas menos flechas, menos recursos, menos tiempo. "Si vas de cacería con seis balas y con la primera das en el blanco, ¿usas las otras cinco?"

Nunca ambiciones. Y define ambición de una forma que no había escuchado: visión con prisa. La visión no es el problema; la prisa sí. "El día que tengas un poco de ambición, te vas a quedar sin nada."

Su ejemplo es Giezi, el criado de Eliseo. El profeta rechaza los regalos de Naamán porque entiende sus tiempos; Giezi va detrás, pide dos vestidos y plata, y termina con la lepra de Naamán encima (2 Reyes 5:20-27). Tenía prisa. Eso lo alcanzó.

El semáforo y el tráiler

La sección más provocadora del episodio es sobre la letra y el espíritu, y la explica con un ejemplo de tránsito.

Estás detenido en un alto porque el semáforo está en rojo. Cumples la ley. Ahora ves por el retrovisor que viene un tráiler sin frenos y te pasas el alto. ¿Violaste la ley?

Su respuesta: la cumpliste. Porque el espíritu que le da razón de ser a un semáforo es proteger la vida, y eso fue exactamente lo que hiciste. "La mente del hombre no toma en consideración el espíritu."

Es un ejemplo bueno porque no es teórico: cualquiera lo entiende y cualquiera actuaría igual. Y con él ilumina algo del Evangelio que se suele leer plano: por qué los fariseos entraban en cortocircuito cuando Jesús sanaba en sábado. Tenían la letra completa y el propósito vacío.

Ofir extiende ese mismo marco a debates contemporáneos —el más explícito, el del aborto, donde sostiene que hay espíritu desde la concepción y apoya su lectura en el salto de Juan el Bautista en el vientre de Elisabet (Lucas 1:41)—. Es su posición teológica, la dice como tal, y hay lecturas serias que enmarcan esa discusión de otra manera. El artículo la reporta, no la desarrolla.

María, Elisabet y el respeto entre generaciones

Hay un detalle del texto que él lee con cuidado y que vale la pena.

Cuando el ángel le habla a María de su parienta, no dice "la estéril". Dice "la que llamaban estéril" (Lucas 1:36, RVR1960). Su observación: la etiqueta era de la gente, no del cielo. "El cielo toma nota de cómo nos señala la gente."

Y su lectura de por qué a María la mandan justamente con ella: porque necesitaba a alguien que ya hubiera aguantado que le pusieran un nombre injusto durante años sin rajarse. "A ti se te va a ver panza, y van a decir de ti. ¿A quién necesitas?"

De ahí salta a la paternidad, y su respuesta a si un padre puede ser amigo de sus hijos es tajante: no se puede una sin la otra. Su argumento es que buena parte de los pleitos generacionales son falta de respeto al nivel de pensamiento del otro, en las dos direcciones.

Cuenta que en la época más dura de su casa, económicamente, lo que lo sostuvo fue ver a sus padres adorando en la iglesia el domingo. "Si este hombre, si esta mujer, con todo lo que han vivido, los ves cantando y adorando, entonces yo creo que voy a estar bien." Sobre honra y sobre corregir sin destruir escribimos también en la honra que nadie nos enseñó y en cómo educar a un hijo.

Lo que dicen los datos

En el episodio se menciona que un exfuncionario de salud estadounidense habría dicho que en la iglesia hay menos divorcios, menos suicidios y menos adicciones. No pude verificar esa cita, así que en su lugar va lo que sí está publicado y es más fuerte.

Investigadores de Harvard, encabezados por Tyler VanderWeele, siguieron a 89,708 mujeres del Nurses' Health Study y encontraron que asistir a servicios religiosos una vez por semana o más se asoció con una tasa de suicidio aproximadamente cinco veces menor frente a quienes nunca asistían (JAMA Psychiatry). En la misma cohorte, la asistencia semanal se asoció con una mortalidad por cualquier causa cerca de un tercio menor, y un estudio posterior encontró la misma dirección para las llamadas muertes por desesperación —drogas, alcohol y suicidio—.

La honestidad obliga a decir lo que los propios autores dicen: son estudios observacionales, muestran asociación y no prueban causalidad, y uno de los mecanismos que más se propone para explicarlos es precisamente el apoyo social. Es decir: la parte del efecto que se puede medir apunta al mismo lugar al que apunta Ofir. No es el templo. Es la gente.

Qué hacer esta semana

Hazle a alguien la pregunta de las tres cosas. A quien sea que haga bien lo que hace. Es gratis y a nadie le molesta que se lo pregunten.

Corre la prueba de querer y poder. Piensa en la última vez que le dijiste que no a alguien cercano. ¿Cambió el trato? Ahí tienes tu respuesta.

Revisa en qué escalón estás. ¿Eres consiervo, amigo o familia en tu congregación? Y sobre todo: ¿estás esperando que alguien te suba, o puedes dar tú el paso?

Si lideras, deja de decretar la familia. No se llega a familia por anuncio. Se llega pasando por la amistad, y eso toma tiempo de mesa, no de púlpito.

Y baja la prisa, no la visión. Si algo se te está antojando antes de tiempo, ahí está la ambición. Giezi no perdió por querer; perdió por adelantarse.

El episodio

La conversación completa con el pastor Ofir Peña en Una Plática Muy Natural.

Preguntas frecuentes

¿Cómo hacer que una iglesia se sienta como familia?

Según el orden que plantea este episodio, no se puede saltar el paso intermedio: primero siervos, luego amigos, luego familia. Una congregación llega a sentirse como casa cuando la gente pasa de compartir tareas a compartir vida.

¿Cómo saber si alguien es realmente mi amigo?

La prueba que propone Ofir Peña son dos palabras: querer y poder. Si le dices a alguien que no puedes o que no quieres y su actitud hacia ti no cambia, es tu amigo. Si cambia, era otra cosa.

¿Qué significa "la santidad te da poder y la autoridad te da puntería"?

Es la idea de que la vida limpia produce fuerza, pero la cobertura de alguien más produce dirección: te ayuda a acertar antes y a gastar menos recursos en el intento.

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