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La honra que nadie nos enseñó: por qué la Navidad se siente falsa

7 jul 2023
7 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

"No estás con quien tienes que estar. Estás con quien pudiste estar."

La frase se soltó a media conversación sobre la Navidad y cambió el tema por completo. Porque el problema nunca fue el 24 de diciembre.

Cuatro frases de temporada que no resisten una revisión

Tiempo de compartir. Tiempo de dar. Tiempo de paz. Tiempo de amor. Las cuatro llenan las redes cada diciembre, y el pastor Marco Flores y yo terminamos desarmándolas una por una.

Tiempo de dar, sí, pero le das a quien quieres, a quien te conviene o a quien estás obligado. Tiempo de compartir, con quien tú elegiste, no con quien te tocaría. Tiempo de paz, en una temporada donde la gente anda más tensa por el gasto, los regalos y la cena.

Los números no acompañan la postal. En 2025, el 911 recibió 568,064 llamadas procedentes por violencia familiar en México, la tercera causa de auxilio ciudadano más común del país, según los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Los hogares donde eso pasa no dejan de existir el 24 de diciembre.

Y la fecha tampoco es lo que creemos. Los evangelios no dicen cuándo nació Jesús; la primera mención del 25 de diciembre aparece hasta el siglo III, y la fecha se fijó oficialmente entre los años 320 y 353. Es decir: el día no es el punto. Marco lo resume distinto: quienes anuncian que nació el Salvador celebran Navidad los 365 días del año.

Entonces, si el problema no es la fecha ni el consumo, ¿qué es? La palabra que apareció en el episodio fue honra.

Quién es Marco Flores

Es pastor de una congregación a una hora de camino de la ciudad donde vive, adonde se mudó hace unos tres años, en buena medida por la escuela de su hijo. Da clases en la universidad —le tocó enseñar el documento de los derechos humanos, dato que importa más adelante— y es amigo de la casa: no es la primera vez que se sienta en esta mesa.

Llegó a esta plática con una pérdida reciente. Su papá murió hace unos meses. Él mismo lo dice sin adornarlo: enseña sobre el tema, ora por otros que lo atraviesan, "pero cuando le toca a uno es complicado". Su duelo no ha terminado.

La honra no se hereda: se enseña

Aquí está la idea que sostiene todo lo demás. Nadie nace honrando.

"Tú naces llorando, tú naces exigiendo, tú naces necesitando", dice Marco. "Y la honra se trata de dar, no de exigir ni de pedir ni de llorar." Si es así, entonces la honra no es un instinto: es una habilidad que alguien tiene que enseñar y, sobre todo, modelar.

Y ahí está el hueco. A la mayoría no nos la enseñaron. Lo notas en cosas mínimas: los niños que en la iglesia me dicen "hola, Jerry" y no se les ocurriría decirle "hola, Ricardo" al maestro de la escuela. No es maldad. Es que nadie les mostró la diferencia.

Marco lo lleva más lejos y señala algo cultural: crecimos en un país donde hablar mal de otro para quedar mejor es moneda corriente. Si eso es el aire que se respira, la honra no aparece sola.

Ya escribimos antes sobre honrar a los padres y sus raíces bíblicas, pero este episodio agrega la pieza que faltaba: no basta con saber que hay que honrar. Hay que aprender cómo, y alguien tiene que enseñarlo.

Se honra por la posición, no por el mérito

Esta es la parte que incomoda y donde conviene ir despacio.

La pregunta que abrió el tema fue: ¿por qué me tendría que honrar la gente? Darle de comer a mis hijas es mi obligación. Predicar es la mía como pastor. Si la honra fuera un pago por servicios, nadie la merecería.

La respuesta de Marco es incómoda por lo simple: honras a la persona por la posición que tiene sobre tu vida, no por lo que hizo. Y llega hasta el caso difícil: un padre que se fue, que formó otra familia, que te dejó. Sigue siendo tu padre. La ley lo dice sin condiciones: Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da (Éxodo 20:12, RVR1960).

Aquí hay que decir lo que el mandamiento no dice, porque se presta a abuso. Honrar no es obedecer sin límite, ni justificar el maltrato, ni volver a exponerte a alguien que te hace daño. Se puede honrar a distancia: reconocer el lugar que esa persona ocupa en tu historia sin darle acceso a tu presente. Si estás en una situación de violencia, lo primero no es la honra, es la seguridad, y ahí hace falta ayuda profesional. Hemos tocado algo de esto en amar a nuestros padres incluso en las imperfecciones.

Marco tampoco es ingenuo con la objeción moderna. Él enseñó derechos humanos en la universidad y sabe que el primero de todos es la libertad. Su punto no es quitarla, sino que sin una línea no hay convivencia posible: el muchacho al que en casa nunca se le marcó nada no la va a pasar bien en la secundaria, ni en el trabajo, ni en la calle. La tensión entre autoridad y derechos es real, y él la nombra en vez de esquivarla.

El último abrazo

Durante casi tres años, cada vez que iban en el coche rumbo a casa de sus papás, Marco le decía lo mismo a sus hijos: abracen bien fuerte a sus abuelos, porque va a llegar un momento en que no tengamos esa oportunidad.

Cuenta que en cada visita tenía que agacharse un poco más. Su papá siempre fue más bajito que él, pero al final se encogía, y el abrazo se sentía cada vez más débil.

La última semana estuvo con él cada tercer día: lo llevó al médico, a que le pusieran inyecciones, le llevó la comida a la cama, le habló al oído para agradecerle. La noche antes de que muriera estuvieron su hermana mayor, él, su esposa y sus hijos. Se despidió como siempre: con un abrazo. Su papá, en cama y sin fuerzas, le dijo "que Yeshua te bendiga".

Eso es honra, y no llegó de milagro: llegó porque durante tres años decidió que ir a esa casa era una prioridad.

El contraste lo pusimos los dos. Cuando murieron dos tíos el mismo año, de repente todos los primos se abrazaban y se querían, después de años de no verse. Para un cumpleaños estás ocupado; para un funeral sí pides permiso en el trabajo. No celebramos la graduación, ni el ascenso del sobrino, ni la boda, ni los quince años. Aparecemos a despedir.

La parte incómoda: dar de más también hace daño

Y aquí viene lo que menos se predica.

Marco lo plantea como una balanza. Si tú das, das y das, y la otra persona solo recibe, la relación se desequilibra, y esa persona queda debiendo. La honra tiene que ir en dos direcciones: del empleado al patrón y del patrón al empleado; en el matrimonio de los dos lados, porque —como lo dije en el episodio— si en la barca solo rema uno, se dan vueltas en círculo.

La imagen que se quedó fue otra. Marco leyó sobre los incendios forestales y cómo el fuego forma parte del ciclo de renovación del bosque. Y lo aplicó a su ministerio: llevas despensas, ayudas, cooperas, y la gente deja de esforzarse porque ahí estás tú. Su conclusión fue dura: "tú estás apagando el fuego de otros". A veces la necesidad es el mecanismo que empuja a alguien a moverse, y taparla la deja quieta.

Conviene decir el reparo, porque esta idea se puede usar mal. Es la excusa perfecta para dejar de ayudar y sentirse espiritual haciéndolo. La diferencia está en el motivo: no es lo mismo retirarse por discernimiento en un caso concreto que convertirlo en política general para no dar nunca. La Biblia manda dar al necesitado; lo que Marco describe es un problema de dependencia en una relación específica, no un permiso para cerrar la mano.

Qué hacer con esto esta semana

Honra a alguien hoy, no en diciembre. Si hay una persona cerca a la que le debes un "gracias" —por una llamada, por un consejo, por cinco minutos de atención—, dilo hoy. No hace falta fecha.

Usa el perdón como forma de honra. Muchas ofensas se hacen grandes solo porque decidimos que lo eran. Cerrar cuentas es una manera de honrar la relación, y da para sentarse a la próxima cena, como se dijo en el episodio, con las cuentas saldadas. Sobre esto escribimos el poder del perdón en la familia.

Enséñala modelándola. Tus hijos no van a honrar porque se los expliques. Van a honrar si te ven hacerlo con tus propios padres.

Revisa qué olor dejas. Marco contó lo de una señora que entró a una oficina y la dejó impregnada de un perfume que a nadie le gustó. Todos dejamos un aroma en los lugares donde estuvimos: unos dejan gratitud y otros dejan incomodidad. Porque para Dios somos grato olor de Cristo (2 Corintios 2:15, RVR1960) deja de ser una frase bonita cuando la piensas así.

Una nota necesaria

Este artículo recoge una conversación pastoral, no una consulta profesional. Si estás atravesando un duelo que no cede, una relación familiar violenta o un momento en que no puedes sostener tu día a día, busca a un médico o a un profesional de salud mental. Honrar a alguien nunca implica quedarte en un lugar donde te hacen daño.

El episodio

La conversación completa con el pastor Marco Flores en Una Plática Muy Natural.

Escúchalo también en Spotify:

Preguntas frecuentes

¿Qué es la honra según la Biblia?

Es reconocer el valor y el lugar que una persona ocupa, y expresarlo con hechos. Éxodo 20:12 la ordena hacia los padres sin ponerle condiciones de mérito, aunque honrar nunca significa aceptar maltrato.

¿Cómo honrar a un padre que no fue bueno?

Reconociendo su posición en tu historia, no aprobando lo que hizo. Se puede honrar a distancia, con límites claros y, si hubo daño, con acompañamiento profesional.

¿Por qué la Navidad se siente hipócrita para tanta gente?

Porque las frases de la temporada prometen dar, compartir y amar, mientras en los hechos elegimos a quién sí y a quién no. Lo que falta debajo no es sentimiento: es la costumbre de honrar durante el resto del año.

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