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Perdonar, reconciliar y volver a confiar no son lo mismo - Jerry Velazquez

25 jul 2025
5 min de lectura

Actualizado: hace 1 día

En la iglesia oímos las tres palabras como si fueran una sola. "Ya perdónalo" termina significando "ya vuelve con él", y "confía otra vez" se predica como si fuera un mandamiento.

Son tres cosas distintas, con tiempos distintos y con requisitos distintos. Y confundirlas ha dejado a mucha gente atrapada donde no debía estar.

Este artículo junta cuatro textos que tenía separados, la infidelidad, recuperar la confianza, el divorcio y el perdón en la familia, porque los cuatro dependen de esa misma distinción.

Dónde estamos parados

Conviene saber el tamaño real del asunto antes de opinar.

Según la Estadística de Divorcios del INEGI, en 2024 se registraron en México 161,932 divorcios frente a 486,645 matrimonios. Eso da 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios.

La edad promedio al divorciarse fue de 41.1 años en ellas y 43.6 en ellos. Y el grupo más numeroso no es el que uno imagina: el 17.8% de los matrimonios que terminaron llevaba de uno a cinco años.

No se rompen al llegar al aburrimiento de los veinte años. Se rompen temprano.

Las tres cosas, separadas

Perdonar es una decisión tuya y no requiere al otro. Es soltar el derecho a cobrártela. Se puede perdonar a alguien que murió, a alguien que nunca pidió perdón y a alguien que no vas a volver a ver. No necesita su permiso ni su arrepentimiento.

"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial" (Mateo 6:14, RVR1960).

Reconciliar requiere a dos. Es restablecer la relación, y nadie puede hacerlo solo. Si el otro no quiere, no hay reconciliación aunque tú hayas perdonado completo. Por eso Pablo pone dos condiciones: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos 12:18, RVR1960).

Volver a confiar requiere tiempo y evidencia. La confianza no es un regalo ni una decisión moral: es una conclusión que sacas de una conducta sostenida. Exigirle a alguien que confíe de inmediato es pedirle que ignore lo que aprendió.

Dicho de otro modo: puedes perdonar hoy, tardar años en reconciliar y no volver a confiar nunca, y las tres cosas pueden ser legítimas al mismo tiempo.

Qué pasa realmente después de una infidelidad

Lo primero es lo menos espiritual y lo más cierto: el dolor no es proporcional al tamaño de lo que pasó, sino a lo que se rompió. Por eso una traición "pequeña" puede doler más que una grande.

Lo segundo es que la reconstrucción, si ocurre, no empieza con una disculpa. Empieza con transparencia sostenida. El que falló no recupera confianza pidiéndola: la recupera haciendo verificable su vida durante un periodo largo, sin ponerle fecha de caducidad ni quejarse del costo.

Y lo tercero, que casi nunca se dice: la pareja que se queda tiene que aceptar que el matrimonio anterior se acabó. Lo que se construye después es otro, con las mismas personas. Intentar "volver a como estábamos" es la forma más segura de fracasar, porque ese lugar ya no existe.

Sobre por qué las crisis llegan aunque todo se haga bien, escribí aparte.

Divorciado y creyente

Aquí hay que ser honesto sobre lo que la Biblia dice y sobre lo que los cristianos discuten.

Jesús responde a la pregunta así: "Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así" (Mateo 19:8, RVR1960). Reconoce que el divorcio existe, dice por qué se permitió y afirma que no era el diseño.

A partir de ahí, las iglesias no coinciden, y pretender que sí sería mentir. Hay congregaciones que sostienen que el divorcio solo procede por infidelidad o abandono y que el nuevo matrimonio es adulterio; otras que consideran que el abuso disuelve el pacto igual que el abandono; y otras que aceptan un segundo matrimonio tras un proceso pastoral. Las tres posturas tienen gente seria defendiéndolas y textos que citan.

Lo que sí puedo decir sin meterme en ese pleito: una persona divorciada no es un cristiano de segunda. Si en tu iglesia te tratan como un caso y no como un hermano, eso no viene de Mateo 19.

El caso distinto: perdonar a alguien que vas a seguir viendo

Con una pareja existe la opción de separarse. Con una madre, un hermano o un hijo adulto, muchas veces no.

Ahí la pregunta cambia. No es si perdonas: es cómo convives después, y en eso casi nadie da consejo útil.

Tres cosas que sí funcionan y que no requieren que el otro cambie.

Bajar la expectativa al nivel de la evidencia. Si tu papá lleva treinta años sin preguntarte cómo estás, ir a la comida esperando que hoy sí pregunte es programarte la decepción. Bajarla no es resignación; es dejar de cobrarle una deuda que no va a pagar.

Decidir de antemano cuánto vas a estar. Dos horas decididas antes valen más que una tarde entera aguantando. El límite no se anuncia ni se convierte en discurso: se ejecuta.

Separar la relación del tema. Se puede tener una relación cordial con alguien y no volver a tocar el asunto que la rompió. Mucha gente cree que mientras el tema no se resuelva no puede haber trato, y se queda sin las dos cosas.

Perdonar a la familia casi nunca produce la escena de la reconciliación. Produce algo más pequeño y más sostenible: poder estar en el mismo cuarto sin que te cueste la semana.

Lo incómodo: tres cosas

Primera, y es la más importante: si hay abuso, este artículo no aplica. Golpes, amenazas, control del dinero, aislamiento, miedo real. Ahí "perdona y reconcíliate" no es consejo espiritual: es empujar a alguien de vuelta al peligro. El perdón sigue siendo posible; la reconciliación no es obligatoria y a veces es irresponsable. Lo que corresponde es ayuda profesional y, según el caso, protección legal.

Segunda: presionar a perdonar rápido no es misericordia, es incomodidad. A la gente que rodea a alguien herido le urge que se resuelva, porque el dolor ajeno cansa. Apurar un perdón que no está listo produce uno falso, y el falso se cae al primer recuerdo.

Tercera: el que falló no decide cuándo se acabó el tema. He visto a más de uno exigir que ya no se hable del asunto porque "Dios ya lo perdonó". Puede ser verdad delante de Dios y seguir siendo falso delante de su esposa. Las consecuencias no son castigo: son el terreno donde se reconstruye.

Qué revisar esta semana

Escribe cuál de las tres te están pidiendo. Perdón, reconciliación o confianza. La mayoría de los conflictos que parecen imposibles se destraban al notar que te están exigiendo la tercera cuando apenas vas en la primera.

Si eres el que falló, deja de pedir y empieza a mostrar. Un año de conducta verificable dice más que cien conversaciones.

Si eres el que perdona, no confundas soltar con olvidar. Puedes soltar el cobro y seguir recordando. Recordar no es falta de perdón.

Y si eres el que está alrededor, deja de apurar el proceso. Pregunta cómo va, no cuándo termina.

Este artículo trata infidelidad, divorcio y duelo. No sustituye la orientación de un profesional de salud mental ni la asesoría legal. Si vives una situación de violencia, busca ayuda profesional.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos divorcios hay en México?

Según el INEGI, en 2024 se registraron 161,932 divorcios frente a 486,645 matrimonios, es decir 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios. La edad promedio fue de 41.1 años en mujeres y 43.6 en hombres, y el 17.8% de los matrimonios disueltos había durado de uno a cinco años.

¿Perdonar significa volver con la persona?

No. Perdonar es una decisión personal que no requiere la participación del otro. Reconciliar exige a dos personas dispuestas, y volver a confiar requiere tiempo y conducta verificable. Se puede perdonar sin reconciliar, y eso no es falta de fe.

¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio?

En Mateo 19:8 Jesús reconoce que el divorcio se permitió por la dureza del corazón humano y afirma que no era el diseño original. Las iglesias cristianas difieren sobre las causales válidas y sobre un segundo matrimonio, y conviene conocer esas posturas antes de asumir que solo existe una.

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