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Por qué los matrimonios siempre tienen crisis (y cómo saber cuál sí debe preocuparte) - Jerry Velazquez

4 sept
6 min de lectura

Actualizado: 8 oct

Son las once de la noche. Ella ya se durmió de espaldas. Tú estás viendo el techo, repasando la misma discusión de hace dos semanas, que es la misma de marzo, que es la misma del año pasado con otro pretexto.

Y la pregunta que no le dices a nadie: ¿esto es normal o ya nos rompimos?

Te tengo una respuesta que no vas a leer en los primeros resultados de Google, porque casi todos te van a hablar de "etapas de la crisis de pareja" como si fueran un catálogo. Esto es otra cosa.


La crisis no es una falla del matrimonio. Es parte del diseño

La investigación de John Gottman, que lleva décadas observando parejas en laboratorio, encontró algo que a mucha gente le cuesta digerir: el 69 % del conflicto en una relación gira alrededor de problemas perpetuos. Perpetuos quiere decir exactamente eso: no se resuelven. Nunca.

No porque uno de los dos sea terco. Porque están hechos de diferencias de fondo: ella necesita hablar para pensar, tú necesitas pensar para hablar. Tú creciste con dinero apretado y guardas; él creció con dinero apretado y gasta. Eso no se arregla. Se administra.


Entonces, si siete de cada diez de tus discusiones son sobre algo que jamás va a tener solución, ¿qué esperabas? Claro que tu matrimonio tiene crisis. Un matrimonio sin crisis sería un matrimonio entre dos personas idénticas, y eso no existe.

Lo que sí cambia entre las parejas que aguantan y las que se rompen no es la cantidad de problemas perpetuos. Es si pueden hablar de ellos sin destruirse.


Pareja sentada en la sala en silencio, uno frente al otro, durante una conversación difícil

Los números en México dicen algo incómodo

En 2024 el INEGI registró 161,932 divorcios en el país. La cifra bajó un poco respecto a 2023, pero hay un dato que sí se movió fuerte: se contabilizaron 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios, cuando en 2015 eran 22.2.

Y aquí viene lo que casi nadie comenta. El grupo más grande de matrimonios disueltos en 2024 —30.1 %— había durado 21 años o más. No fueron chavos impulsivos que se casaron en tres meses. Fueron parejas con dos décadas encima.

La edad promedio en la que se inicia el trámite también dice algo: 41.1 años en las mujeres, 43.6 en los hombres.

Traducción: la mayoría de los matrimonios no se rompe por una crisis. Se rompe por veinte años de crisis que nunca se conversaron. El divorcio a los 43 casi nunca es por lo que pasó esa semana. Es la factura de una conversación que se pospuso desde los 30.


Las tres crisis que veo una y otra vez

Esto no es un estudio, es lo que escucho en el ministerio y en el pódcast. Tómalo como lo que es: patrones, no diagnóstico.

La crisis de la adaptación. Los primeros años. Descubres que te casaste con una persona que tiene familia, historia, manías y una manera distinta de doblar toallas. La Biblia lo dice sin rodeos: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24, RVR1960). Dejar no significa dejar de amar a tus papás; significa que tu lealtad principal se mudó de domicilio. Muchas crisis tempranas son en realidad un problema de límites con la familia extendida, y lo escribí a detalle en la honra que nadie nos enseñó.


La crisis del cansancio. Llegan los hijos, la hipoteca, el turno doble. Dejan de ser pareja y se convierten en dos administradores de una empresa familiar. Se hablan de logística: quién recoge al niño, cuánto falta para la quincena. Aquí es donde primero se apaga la intimidad —no solo la sexual, aunque también, y de eso hablé en la importancia de una sexualidad sana y constante en el matrimonio—. Lo que se apaga primero es la curiosidad. Dejas de preguntarle cosas porque asumes que ya sabes todas las respuestas.


La crisis del espejo. Cuarenta y tantos. Los hijos crecieron o se fueron. Se quedan los dos en la sala, en silencio, y ese silencio ya no es paz: es diagnóstico. Es la crisis que aparece en las estadísticas del INEGI, y la más peligrosa, porque llega cuando ya te acostumbraste a no hablar.


La crisis que sí debe preocuparte

Ya sé lo que te van a decir en internet: "si hay tantas crisis, es que se equivocaron de persona". Y hay que ser honestos: a veces esa postura tiene razón. Hay uniones que se armaron sobre presión familiar, sobre un embarazo, sobre miedo a quedarse solo. Fingir que todo matrimonio es rescatable con buena voluntad es una crueldad.

Pero la conclusión no se sostiene, porque parte de un error: supone que el amor correcto no produce fricción. Y ya vimos que el 69 % de la fricción es estructural. Cambias de persona y cambias de lista de problemas perpetuos, no te quedas sin ellos.


La diferencia no está en cuánto pelean. Está en cómo.

Preocúpate cuando aparece el desprecio: los ojos en blanco, el sarcasmo, hablar del otro con burla frente a terceros. Preocúpate cuando ya no hay pleito, solo silencio administrativo. Preocúpate cuando uno de los dos empezó a construir su vida emocional afuera. Si ya llegaron a ese punto, aquí hay un testimonio de restauración después del adulterio.


Y algo que no se negocia: si hay violencia física, amenazas o control económico, eso no es una crisis matrimonial. Es una situación de riesgo, y el consejo no es aguantar ni orar más fuerte, es buscar ayuda y ponerse a salvo. En México está el 911 para emergencias y la Línea Sin Violencia, 800 108 4053, gratuita y las 24 horas. Este artículo tampoco sustituye a un terapeuta de pareja ni a un profesional de salud mental; si la conversación en tu casa lleva meses atorada, esa es la puerta correcta.


Qué revisar esta semana

Nada de "mejoren su comunicación". Eso no significa nada. Cinco cosas concretas:


1. Escribe tu pelea recurrente en una sola frase. No la versión larga con antecedentes. Una frase. "Siempre discutimos porque yo quiero planear y tú quieres improvisar." Si logras escribirla, dejaste de pelear contra tu pareja y empezaste a pelear contra el problema.


2. Clasifícala. ¿Es solucionable o perpetua? Si es de logística —el horario, quién paga qué— tiene solución y llevan años tratándola como si fuera existencial. Si es de fondo, deja de buscarle arreglo y búscale acuerdos.


3. Veinte minutos sin celular. No una cena de aniversario. Veinte minutos, día fijo, hora fija, teléfonos en otro cuarto. La mayoría de las parejas que dicen no tener tiempo tienen dos horas diarias de pantalla.


4. Haz una pregunta que no hayas hecho en años. No "¿cómo te fue?". Algo como: "¿qué necesitas de mí que no me has pedido porque asumes que te voy a decir que no?". Prepárate, porque sí hay respuesta.


5. Ponle fecha a la conversación que llevas posponiendo. La que sabes cuál es mientras lees esto.

Ese cuarto punto es justamente el problema que me llevó a escribir Las 7 Preguntas Incómodas en el Matrimonio. Son siete preguntas que casi ninguna pareja se atreve a hacerse, con la guía de cómo plantearlas para que la conversación no termine en pleito. Está en PDF, cuesta 299 pesos y se descarga al momento. Si tu matrimonio lleva rato hablando solo de pendientes, empieza por ahí.


Lo que nadie te dice de las crisis largas

Las crisis no envejecen bien. Un desacuerdo tiene fecha de caducidad corta; el resentimiento no caduca, se fermenta.

"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo" (Efesios 4:26-27, RVR1960).

Fíjate que el texto no prohíbe el enojo. Da por hecho que va a haber. Lo que prohíbe es dejarlo dormir. Y eso es exactamente lo que hacen las parejas que se divorcian a los veintitantos años de casados: no se enojaron demasiado, se enojaron en silencio durante demasiado tiempo.


Tu matrimonio va a tener crisis el año que entra. Y el otro. Eso no es la señal de que algo salió mal. La señal de que algo salió mal es que ya no las están conversando.

¿Cuál es la conversación que llevas meses posponiendo en tu casa? Escríbeme y platicamos. Leo todos los mensajes.


Preguntas frecuentes

¿Es normal que mi matrimonio esté en crisis? Sí. La investigación de Gottman encontró que el 69 % de los conflictos de pareja son problemas perpetuos que no tienen solución. Lo anormal no es tener crisis, es dejar de hablarlas.


¿Cuánto dura una crisis matrimonial? Depende de si se conversa o se pospone. Una crisis que se habla puede durar semanas; una que se guarda puede durar años y aparecer como divorcio una década después.


¿Cuándo una crisis de pareja ya no tiene solución? Cuando aparece el desprecio constante, cuando uno de los dos ya construyó su vida emocional afuera, o cuando hay violencia. En ese último caso no se trata de salvar la crisis, sino de ponerse a salvo y buscar ayuda profesional.

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