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Lo golpearon sus cinco hijos por hacerse cristiano, y no los denunció - Jerry Velazquez

5 sept
6 min de lectura

Actualizado: 10 sept

Lo que reportó Morning Star News

Kibirige Abumusa tiene 52 años y vive en la aldea de Nakalama, en el municipio de Iganga, distrito de Iganga, al oriente de Uganda.

En junio de 2026 asistió a un evento evangelístico organizado por el pastor Zakalia Sserwada, de la iglesia Evangel en Jinja. Lo invitó un socio de negocios cuyo nombre se mantiene en reserva por seguridad. Ahí Abumusa decidió hacerse cristiano después de toda una vida como musulmán.


El 9 de agosto de 2026 volvió a su casa. Su hijo Kibirige Budallah, de 28 años, lo confrontó por haber dejado el islam y lo golpeó con un palo. Sus otros cuatro hijos se unieron.

Alice Naigaga, vecina y testigo del ataque, declaró que uno de los hijos le gritó "kafir" —infiel— y le dijo que no merecía vivir por su decisión de abandonar el islam. Naigaga también refirió haber escuchado a Budallah citar enseñanzas islámicas sobre quienes abandonan esa fe y afirmar que matarlos ganaría el paraíso.


Abumusa terminó con heridas en la nariz, las manos, las piernas y la espalda. Pasó una semana internado en el hospital de Iganga y al momento de la publicación se recuperaba, preocupado por su seguridad.

No denunció a sus hijos ante la policía. Según la nota, temía que hacerlo lo pusiera en mayor peligro.

Morning Star News describe este ataque como el más reciente de muchos casos de persecución contra cristianos que ese medio ha documentado en Uganda. No detalla si hubo detenciones, si las autoridades locales intervinieron o si Abumusa volvió a su casa después del hospital.

Dos precisiones antes de seguir.


La primera: la nota original señala que los musulmanes son "no más del 12 por ciento" de la población de Uganda. El censo nacional de 2024 los ubica en 13.2 %, frente a 81.8 % de cristianos. Es una diferencia menor, pero si vas a citar una cifra, cita la vigente.

La segunda: esta historia circula en español en portales cristianos que la reprodujeron. La versión original, con los nombres, fechas y el testimonio de la vecina, es de Morning Star News, publicada el 3 de septiembre de 2026. Todo lo anterior viene de ahí.


Hombre mayor sentado solo a la entrada de una casa rural en África oriental, en referencia al caso de Uganda

Uganda no es Corea del Norte, y eso es lo que vuelve incómodo el caso


Cuando lees "cristiano perseguido en África", tu cabeza arma una escena: un país hostil, un gobierno que prohíbe la Biblia, una mayoría que caza minorías.

Uganda no es eso. Es un país 81.8 % cristiano.

Y no aparece en el top 50 de la Lista Mundial de la Persecución 2026 de Puertas Abiertas. Tampoco entre los lugares 51 y 60. En ese informe, más de 388 millones de cristianos enfrentan niveles altos de persecución —uno de cada siete en el mundo—, Corea del Norte encabeza la lista, y de las 4,849 muertes por motivos de fe que documentó, 4,491 ocurrieron en África subsahariana.

Uganda no está entre los peores lugares del mundo para ser cristiano. Y aun así, un hombre de 52 años pasó una semana en el hospital.

Porque la persecución que le tocó no venía del Estado ni de la mayoría. Venía de su casa.

Eso es lo que nadie está subrayando, y es justo lo que hace que esta historia le hable a alguien en Guadalajara o en Toluca.


El versículo que casi nadie predica completo

"No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mateo 10:34-36, RVR1960).

Ese pasaje incomoda tanto que normalmente se predica a la mitad, o se salta.

Jesús no está recomendando el conflicto. Está avisando lo que va a pasar. Hay una diferencia enorme entre "busquen pleito" y "esto va a doler y quiero que lo sepas antes".


Pero hay una trampa aquí, y la digo porque he visto caer en ella a mucha gente: ese versículo se usa para justificar rechazos que no tienen nada que ver con Cristo.

Si tu familia ya no te aguanta porque conviertes cada cumpleaños en un culto, porque publicas indirectas, porque corriges a tu cuñado en la sobremesa y luego te vas a dormir sintiéndote perseguido, eso no es Mateo 10. Eso es ser insoportable, y le estás poniendo el nombre de Jesús encima.

La espada de la que habla el texto la ponen los demás. No tú.


Antes de usar esta historia como munición

Aquí es donde tengo que ser directo, porque sé cómo circulan estas notas.

Cinco hombres golpearon a su padre. Ni uno más. Los musulmanes en Uganda son el 13.2 % de la población y la enorme mayoría de ellos no hizo nada, no supo nada y no lo aprobaría. De hecho, quien contó lo que pasó fue una vecina que estuvo dispuesta a declarar.


Ahora, la postura contraria dicha en serio, porque merece respuesta y no burla: hay quien dirá que esto no es un caso aislado sino la aplicación de una doctrina, y va a señalar que el propio agresor —según la testigo— citó enseñanzas sobre lo que le corresponde a quien abandona el islam.

Es cierto que la vecina reportó eso. Y es cierto que dentro del islam existe un debate real, viejo y no resuelto sobre la apostasía, con juristas y países en posiciones opuestas. No lo voy a resolver yo en un blog, y quien te diga que la respuesta es simple —en cualquiera de las dos direcciones— te está vendiendo algo.

Lo que sí sé es esto: entre "cinco hombres invocaron una enseñanza para golpear a su padre" y "por eso desconfía del señor musulmán de la esquina" hay un salto que ninguna evidencia sostiene. Y cuando compartes la nota para eso, dejas de defender a Abumusa y empiezas a usarlo. Un hombre de 52 años con la nariz rota no es tu argumento.


Lo que en México te va a costar

Nadie te va a golpear con un palo. Casi nunca es eso.

Lo que pasa aquí tiene otra textura: el grupo de WhatsApp familiar donde de pronto ya no te etiquetan. La tía que le dice a todos que te metiste a una secta. El papá que deja de llamar y cuando llama habla del clima. La pareja que siente que la cambiaste por una iglesia.


Y funciona en las dos direcciones, hay que decirlo. He visto familias evangélicas tratar igual de mal al hijo que se volvió católico, o al que dejó de creer. El impulso de castigar al que se sale no es de una religión: es humano, y por eso es tan difícil de ver cuando lo tienes tú.

Duele distinto que un palo, pero duele. Y a diferencia de una golpiza, esto no manda a nadie al hospital, así que nadie lo trata como pérdida. Tú sí deberías: es un duelo real y merece nombrarse.


Lo que Abumusa hizo, sin adornarlo

No denunció a sus hijos. Y ya escuché a más de uno convertir eso en un sermón sobre el perdón.

La nota no dice eso. Dice que tenía miedo de que denunciarlos lo pusiera en más peligro. Eso es otra cosa, y ponerle una capa de heroísmo espiritual encima es faltarle al respeto.


Que quede claro, porque alguien lo va a leer mal: no denunciar una golpiza no es un modelo a imitar. Si en tu casa te están golpeando, eso es un delito, aquí y en Uganda. En México puedes llamar al 911. Y si el tema te rebasa emocionalmente, un profesional de salud mental no es lo contrario de la fe; es parte de cuidarte.

Lo único que sabemos de él es que se estaba recuperando y que seguía preocupado por su seguridad. No hay final feliz reportado. No lo voy a inventar.


Qué hacer si tu fe te está costando la familia

Separa las dos cosas. Pregúntate con honestidad cuánto del rechazo es por Cristo y cuánto por tu forma. La respuesta casi nunca es cero.

Baja el volumen y sube la constancia. Nadie se convenció nunca por un argumento en la mesa. La gente cambia por lo que ve durante años.

No cortes tú primero. Es la tentación: irte antes de que te vayan. Si alguien tiene que cerrar la puerta, que no seas tú.

Habla del dolor con alguien real. No en un post. Con una persona, mirándola a los ojos. El resentimiento que no se nombra se queda, y la amargura hace su trabajo en silencio.

Perdonar no es fingir que no pasó. Es dejar de cobrarlo. Tampoco es lo mismo que no denunciar, porque es de lo más malentendido que hay.

Si hay violencia, sal. No es persecución que haya que aguantar. Es un delito.


Una última cosa

Abumusa perdió a cinco hijos en una tarde. No de muerte: de una manera que probablemente duela más.

Y sigue vivo, en su aldea, sabiendo dónde viven ellos.


¿Tú qué has perdido por lo que crees? ¿Y cuánto de eso fue la fe y cuánto fue tu carácter? Escríbeme, que esa segunda pregunta casi nadie se la hace en voz alta.

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