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Cómo educar a un hijo: revisa las sillas de tu casa

7 jul 2023
8 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

"Nada hay más caro que lo que es gratis."

Mike lo repitió cuatro veces en la conversación, y cada vez hablaba de lo mismo: dejar de corregir a un niño hoy no cuesta nada. Corregir al adolescente que ese niño va a ser cuesta todo.

El error de fondo: creer que la escuela educa

La frase con la que arranca el problema la dice mucha gente sin pensarla: lo mando a la escuela para que lo eduquen.

"Un hijo no se manda a la escuela para ser educado", responde Mike. "Se manda para que adquiera conocimientos." Educar —los modales, el orden, la gratitud, saber pedir perdón— pasa en la casa o no pasa.

Y su diagnóstico de por qué no pasa no es que a los padres no les importe. Es que están mirando a otro lado. "Hoy los padres están enfocados en otra cosa: en temas económicos, en temas sociales, en temas políticos", dice. La marcha, la inflación, el plantón. Todo eso importa, pero: "las verdaderas crisis no están afuera, están adentro de una casa".

Aquí conviene poner un dato encima, porque el tema de la disciplina en México no es neutro. Según UNICEF México, 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes del país han sufrido métodos de disciplina violentos por parte de sus padres, cuidadores o maestros. Es decir: el problema mexicano no es solo la casa donde nadie corrige. También existe, y es enorme, la casa donde se corrige a golpes y a gritos.

Este artículo va del primer problema. Pero conviene decir el segundo desde el principio, porque son dos formas distintas de fallar, no una sola.

Quién es Mike

Mike es un invitado recurrente del podcast. El episodio abre con Doña Laurita, la abuela de Jerry, a quien él también recuerda: una señora de Iztapalapa que no tuvo mucha escuela y que, sin embargo, dejó una marca de la que todavía se habla en el barrio. "Siempre estaba bien peinada, siempre traía zapatitos bien limpios, siempre estaba bien planchadita su ropa", dice. Y el efecto secundario: cuando iban a la tienda, a los nietos los respetaban por ella.

Él trabaja en el sector bancario, hizo una maestría, y habla desde dos lugares: el de quien recibió una formación dura en casa y el de quien hoy tiene dos hijas —la menor, de siete meses cuando se grabó esto—. No habla como especialista en crianza. Habla como alguien que lleva años observando gente en un entorno laboral exigente y viendo qué distingue a quien aguanta de quien renuncia a la primera.

Tres cosas que puedes revisar hoy en tu casa

Esta es la parte más útil del episodio, y es la que no vas a encontrar en un artículo de crianza.

Las sillas. Su tesis: llegas a una casa y ves cómo están las sillas del comedor. Descuadradas, a punto de romperse, nadie las arregla. Y cuando alguien se sienta, arrastra la silla en vez de levantarla, porque nunca hubo nadie que dijera "levántala y siéntate". Su lectura es que ese detalle mínimo revela si hay alguien metiendo orden en esa casa.

Vale decir una cosa: Mike lo presenta como si hubiera estudios psicológicos detrás. No los hay, o al menos no encontré ninguno. Tómalo por lo que sí es —un termómetro casero, una intuición de alguien que ha entrado a muchas casas— y no por un instrumento clínico. Como termómetro, funciona.

Los juguetes. "Hay chamaquillos aventando el juguete, lo rompen y lo tiran." Nadie les enseñó que el juguete se limpia, se revisa y se guarda. Y su proyección es la que pega: "así como tiene los juguetes hoy, mañana va a tener los cuadernos; así como tiene los cuadernos, mañana va a tener una amistad, mañana una pareja, mañana un matrimonio".

El "cómprame". El niño que en cada tienda y en cada centro comercial repite dame, cómprame, dame. El problema, dice, no es el berrinche. Es que va a ser un adulto que no entiende que las cosas tienen un precio, "porque hoy lo recibe gratis".

Los tres apuntan a lo mismo: la formación no ocurre en las conversaciones importantes. Ocurre en los detalles chiquitos que dan flojera corregir.

La palabra del episodio: familiaridad

Este es el concepto que más se trabaja en la conversación, y es el que más se puede usar.

Familiaridad, en su definición, es el permiso tácito que damos a la gente cercana para no cumplir. "Mañana te pago, somos familia." "Te lo rompí, pero bueno, somos primos." Su frase: "la familiaridad te quita el compromiso".

Y le agrega un segundo efecto: es enemiga de la gratitud. "El niño está acostumbrado a tener agua, a tener luz, a tener internet, a tener útiles, a tener ropa, a tener zapatos, y difícilmente da las gracias."

Tiene una anécdota que lo aterriza. A los once o doce años le escribió una carta a su mamá por su cumpleaños. Ella la leyó y le dijo, más o menos: gracias por tu carta, ¿y mi regalo? No es posible que no hayas podido ahorrar quince pesos para un chocolate. Suena duro. Su lectura, treinta años después, es que no se trataba del chocolate: "el día de mañana te vas a casar, y yo no quiero que tu esposa sepa que tuvo una mamá que nunca lo educó".

Ahora la parte más filosa. Mike sostiene que hay que romper la familiaridad, y no se refiere a alejarse de la familia. Se refiere a otra cosa:

"Hay muchos males que se hacen en nombre de la familia, así como se hacen muchos males en nombre de Dios."

El chantaje que describe es reconocible: si no lo haces como lo hemos hecho siempre, ya no eres de la familia. Su ejemplo es deliberadamente banal —en mi casa comían los huevos revueltos y yo los quiero estrellados, y eso no me saca de la familia— pero el costo del que habla no lo es: "cuántas personas han dejado al amor de su vida por el qué dirá la familia; cuántas dejaron la profesión que amaban por el qué dirá la familia".

De esto ya escribimos en la honra que nadie nos enseñó, que es la otra cara de la misma moneda: la honra se da, la posición se gana, y ninguna de las dos se exige.

El pastor que no sabía partir su carne

La escena más incómoda del episodio es una comida.

Mike cuenta que comió con unos pastores jóvenes. Ella pidió la comida por él. Cuando llegó el plato, ella lo probó primero, dijo que le faltaba sal, le partió la carne, llamó a la mesera porque estaba picoso, y él —platicando, sin hacer nada— esperó a que estuviera lista. Al final se le cayó algo en la boca y levantó la mano; ella le pasó la servilleta.

Su lectura no es delicada: "no es tu esposo, es tu hijo". Y la palabra que usa es más dura todavía. Dice que sin querer se están creando "hombres parásitos".

Vale poner el matiz que él no puso. Servir a tu pareja no tiene nada de malo; a mucha gente atender al otro le sale del cariño y es hermoso. Lo que él está señalando no es el gesto, es la incapacidad: el adulto que no puede hacerlo solo. Y su pregunta final es la buena: ¿qué va a pasar cuando ella no esté?

Su explicación del origen tampoco es amable, pero es coherente con todo lo anterior: alguien le enseñó de niño que con estirar la mano bastaba. Sobre cómo la figura del papá marca todo lo demás ya habíamos platicado en un padre ejemplo.

Disciplina no es golpear. Y esto hay que decirlo claro

Aquí está la parte que más fácil se malinterpreta, y Mike la marca él mismo: "tampoco estoy hablando de golpes; estoy hablando de la corrección y la disciplina, que tiene que ver con instrucciones, con órdenes, con reglas, con normas".

Hay que subrayarlo con dos cosas que él no dijo.

La primera es legal. Desde el 12 de enero de 2021 está en vigor en México una reforma a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y al Código Civil Federal que prohíbe expresamente el castigo corporal y humillante, en la familia y también en instituciones educativas, deportivas, religiosas y de salud. No es opinión ni es moda: es la ley.

La segunda es bíblica, y es el versículo que casi nunca se cita completo. Efesios 6:4 (RVR1960) dice: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor." La mitad que todo el mundo repite es la segunda. La primera —no provoquéis a ira— es un límite puesto sobre el padre, no sobre el hijo.

Y sobre por qué corregir es tan incómodo, el texto que Mike parafraseó está en Hebreos 12:11: "Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados." (Él lo atribuyó a Pablo; el autor de Hebreos es anónimo.)

Si en tu casa la corrección ya se convirtió en golpes, gritos o humillación, eso no es firmeza y no se arregla con un artículo. Busca ayuda profesional; hay terapeutas familiares y programas de crianza positiva, muchos gratuitos.

Marruecos, y por qué la honra abre puertas

El cierre del episodio se va por un lado inesperado: el Mundial.

En Qatar 2022, Marruecos se convirtió en el primer país africano y árabe en llegar a una semifinal. Lo que le llamó la atención a Mike fue de dónde salía ese equipo: 14 de los 26 convocados no nacieron en Marruecos. Nacieron en Francia, Bélgica, España, Países Bajos, Italia, Canadá. Achraf Hakimi nació en Madrid y jugó en juveniles de España antes de elegir Marruecos.

Podían representar al país donde crecieron. Eligieron el de sus padres. Y después de cada gol corrían a las gradas a abrazar a sus madres.

Es un ejemplo, no un argumento, y hay que decirlo: esas decisiones también tienen razones deportivas y de oportunidad. Pero como imagen de lo que él quiere decir, funciona: la honra no es una emoción, es una conducta, y se ve.

Junto a la honra pone una segunda cosa: la simplicidad. Su ejemplo son unos tenis verdes que le compró su papá en un tianguis rumbo a Coacalco, para entrar a la escuela. Y las gorditas de chicharrón que compraban de regreso de la iglesia, una para dos, partida a la mitad, comidas ahí paradas en el puesto.

"Enséñale a amar momentos, no cosas."

Qué hacer esta semana

Corrige una cosa chiquita. La silla, el juguete, el plato en el fregadero. No hace falta una conversación grande; hace falta una corrección de tres segundos hoy.

Revisa dónde estás mirando. Si sabes más de la coyuntura del país que de lo que le está pasando a tu hijo esta semana, ya sabes qué ajustar. Y revisa también lo que está viendo en la pantalla, que hoy educa tanto como la mesa.

Nombra la familiaridad. ¿Hay alguien a quien le permites incumplir porque es familia? ¿Hay algo que estás haciendo solo por el qué dirán en tu familia? Esas dos preguntas hacen más trabajo que un libro.

Pide perdón tú primero. Mike insiste en esto: el niño aprende a reconciliarse imitando, no escuchando. Un padre que dice "me equivoqué, perdóname" está enseñando algo que ningún regaño enseña.

Y separa firmeza de dureza. Corregir no es humillar. Si al terminar la corrección tu hijo entendió qué hacer distinto, funcionó. Si solo entendió que da miedo equivocarse contigo, no.

El episodio

La conversación completa en Una Plática Muy Natural. También está en Spotify:

Preguntas frecuentes

¿A qué edad se educa a un niño?

La primera infancia —hasta los cinco años— es la etapa donde más rápido se asientan las bases, y UNICEF señala que es también cuando la violencia como método de disciplina hace más daño. Pero no es una fecha límite: después cuesta más trabajo, no se vuelve imposible.

¿Cómo poner límites sin llegar a los golpes?

Con instrucciones claras, consecuencias consistentes y correcciones pequeñas y frecuentes en lugar de estallidos grandes. En México el castigo corporal y humillante está prohibido por ley desde enero de 2021, en la casa y en la escuela.

¿Qué es la familiaridad en una familia?

Es el permiso tácito de no cumplir con alguien porque es cercano: no pagar, llegar tarde, no agradecer. En el episodio se describe como enemiga de dos cosas, el compromiso y la gratitud, y como algo que se rompe enseñándolas desde chico.

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