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Diez manos al empezar, tres al terminar

18 ene 2024
8 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

Un compañero de Farid Buenrostro tenía que exponer un tema en clase. En vez de eso expuso que Dios no existe.

Antes de empezar pidió que levantaran la mano los que creían en Dios. Fueron diez. Expuso. Al terminar volvió a preguntar.

Quedaban tres.

"Yo sabía que eran tonterías. Pero no sabía cómo responder a eso."

Farid estudiaba física en el Politécnico. Ese día caminó del campus al Metro Lindavista llorando, y lo cuenta sin adornarlo:

"Una cosa es saber que Dios existe y otra cosa es mostrar que Dios existe."

De ahí salió todo lo demás.

La regla que hace ganar o perder

Antes de cualquier otra cosa, esta es la idea más útil del episodio, y funciona muchísimo más allá de la fe.

"Si tú discutes y la persona se enoja, ya perdiste. Cuando tú te enojas, ya perdiste. La única forma en que ganas es cuando la persona quiere volver a platicar contigo."

Léelo otra vez. La victoria no se mide por quién tuvo la razón. Se mide por si hay una segunda conversación.

Aplícalo a una discusión con tu cuñado sobre política, a una negociación con un cliente, a una plática con tu hijo adolescente. La regla no cambia. Si el otro se cerró, no importa cuántos puntos hayas anotado: se acabó.

Y su corolario, igual de bueno:

"Aunque tú puedas haber ganado esa discusión, esta persona se cerró. A ella no le sirvió."

Qué es la apologética

La palabra suena a pleito y no lo es. Viene del griego apologia, defensa, y su texto base es 1 Pedro 3:15:

"Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros."

Farid subraya las tres palabras que casi siempre se saltan: con mansedumbre y reverencia. No dice "gana la discusión". Dice cómo hacerlo.

Su definición práctica es de arar antes de sembrar. Él la llama pre-evangelismo, tomando el término de Norman Geisler: preparar la tierra antes de echar la semilla. En contextos muy secularizados, dice, hablar de Jesús se recibe igual que hablar del Ratón Pérez. El trabajo previo es mostrar que hay razones para tomarlo en serio, y hasta después viene lo demás.

Y desmonta el eslogan que más ha oído:

"'Jesús te mandó a ganar almas, no discusiones.' De cierta forma es falso, porque si vemos el Nuevo Testamento, Pablo discutía en las sinagogas. Un debate no es una pelea. Es un cambio de opiniones."

Quién es Farid Buenrostro

Ingeniero matemático egresado del Instituto Politécnico Nacional, y apologista. Colabora con el ministerio Fe Razonable —la rama en español de Reasonable Faith, de William Lane Craig— y da conferencias sobre defensa de la fe, sectas y religiones comparadas.

Escribió Testigos de nadie, sobre los Testigos de Jehová, y en este episodio anuncia que está trabajando en un segundo libro, una defensa de la Trinidad. Cuenta que para el primero invirtió unos dos años de preparación y alrededor de quince mil pesos solo en libros.

Ya escribimos sobre él en raíces hebreas y judaizantes, de otro episodio.

Por qué citar la Biblia a veces no sirve

Este es el punto técnico más práctico del episodio, y vale para dos casos opuestos.

Con alguien que no cree. "Si un ateo no cree en Dios, mucho menos va a creer en la Biblia. No puedo ir con versículos bíblicos ante un ateo, porque a él no le interesa." Lo que sí le interesa es historia, filosofía, ciencia. Ese es el terreno.

Con alguien que tiene otra Biblia. Aquí está lo que Farid descubrió escribiendo su libro. Los Testigos de Jehová usan la Traducción del Nuevo Mundo, que difiere de la Reina-Valera en varios pasajes clave. Entonces:

"Tú bien intencionado le puedes dar citas bíblicas, pero tienes que entender que ellos nunca van a creer en Reina-Valera. Si quieres compartir eficazmente, tienes que buscar versículos en su misma traducción."

Por eso su libro está escrito citando la traducción de ellos. No es un truco: es reconocer que si el otro no acepta tu fuente, tu argumento no le llega aunque sea correcto.

Religión, denominación y secta: la distinción que ordena todo

Farid usa una taxonomía que conviene tener clara, porque las tres palabras se usan como sinónimos y no lo son.

Toma de C. S. Lewis la idea del mero cristianismo: un núcleo de doctrinas que todos los cristianos comparten. Que Jesús es Dios, la Trinidad, la resurrección, la salvación por gracia.

Una religión distinta —hinduismo, islam— parte de una cosmovisión completamente aparte. Una denominación —bautista, pentecostal, metodista— comparte ese núcleo y se distingue en lo secundario: la música, el bautismo, cuestiones de gobierno. Una secta, en el uso técnico que él le da, es un grupo que nace del cristianismo pero niega una de las doctrinas centrales.

Conviene decir dos cosas que el episodio no dice y que hacen más honesta la lectura.

Primero, secta aquí es un término técnico dentro de la teología, no un insulto ni una categoría legal. En México, los Testigos de Jehová son una asociación religiosa legalmente registrada, con los mismos derechos que cualquier otra.

Segundo, la clasificación es teológica, no neutral: la hace el cristianismo desde su propio marco. Un Testigo de Jehová diría que los del núcleo equivocado somos nosotros. Eso no vuelve inútil la distinción —sirve para saber de qué se está hablando—, pero sí conviene saber desde dónde se hace.

Qué creen los Testigos de Jehová, según este episodio

El desacuerdo de fondo es uno solo: la deidad de Jesús.

Los Testigos de Jehová sostienen que Jesús no es Dios en el mismo sentido que el Padre, sino un ser creado y exaltado. Farid los ubica como arrianos modernos, por Arrio, el presbítero del siglo IV cuya posición fue rechazada en el Concilio de Nicea. El versículo que él dice que citan más es Colosenses 1:15, "el primogénito de toda la creación".

Y aquí viene la observación que le costó un libro entender:

"Un Testigo de Jehová te puede decir 'solamente la Biblia'. Pero la realidad es que no. Tienen su cuerpo gobernante, que dice qué tienen que hacer y cómo lo tienen que interpretar."

De ahí que citarles versículos sueltos rara vez funcione: no están discutiendo la Biblia contigo, están discutiendo una interpretación que reciben ya hecha.

La pregunta que Farid dice que es la única que importa

La toma de Raymond Franz, autor de Crisis de conciencia, que fue miembro del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová y sobrino de otro de sus dirigentes, antes de salirse.

Todo se reduce, según Franz, a si la organización es o no "el esclavo fiel y prudente" —la figura de Mateo 24 que ellos aplican a su Cuerpo Gobernante, y a la que atribuyen la autoridad para interpretar—. Si lo es, hay que hacerles caso. Si no lo es, se cae todo.

El examen que Farid le aplica es bíblico y viene de Deuteronomio 18:22:

"Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado."

Y ahí es donde la historia de la organización pesa. Verifiqué las tres fechas y son correctas:

1914. Charles Taze Russell, su fundador, señaló ese año para el fin del sistema. Cuando no ocurrió, la enseñanza se reinterpretó como una presencia invisible de Cristo iniciada ese año.

1925. Joseph Rutherford, su sucesor, anunció el regreso de los patriarcas. Tampoco ocurrió.

1975. Publicaciones de la organización apuntaron a ese año como el fin del sistema de cosas. Tampoco.

Sobre los 144,000 —el número de Apocalipsis 7 que ellos leen como el grupo que va al cielo, mientras el resto vivirá en una tierra paradísiaca— Farid cuenta que la doctrina se ajustó cuando la membresía se acercaba a ese número. La secuencia exacta de ese ajuste es más discutida que las fechas, así que la dejo como lo que es: su lectura del episodio.

Dos precisiones y un matiz

Van sin drama, porque el episodio se sostiene mejor con los datos exactos.

Europa no va a ser mayoritariamente musulmana en cinco años. En el episodio se dice eso, y no es lo que proyectan los demógrafos. Según Pew Research Center, la población musulmana en Europa pasaría de cerca del 5% a entre 7.4% y 14% para 2050, según cuánta migración haya. Catorce por ciento en el escenario más alto, a mitad de siglo. La secularización de Europa es real y discutible; la cifra que se dio al aire no.

Lo de "siete de cada diez jóvenes abandonan la fe en la universidad" necesita precisión. El dato real, de Lifeway Research, es que 66% de los jóvenes estadounidenses que asistieron regularmente a una iglesia protestante siendo adolescentes dejaron de asistir al menos un año entre los 18 y los 22. Dos diferencias importantes: es dejar de asistir, no necesariamente abandonar la fe, y muchos regresan. Es un dato preocupante, pero no es el mismo dato.

Y el matiz sobre la tolerancia. Farid define la verdadera tolerancia como "tú tienes tu idea, yo tengo la mía, no estamos de acuerdo, y aun así te tolero", y objeta que se le exija aceptación en vez de tolerancia. Es una distinción legítima y bien planteada. Vale añadir que la queja funciona en las dos direcciones: mucha gente que pide ser tolerada tampoco tolera. Si la regla del principio de este artículo es buena —ganas cuando el otro quiere volver a hablar contigo—, entonces aplica igual para los dos lados de cualquier mesa.

Lo mejor del episodio es lo que cuesta salirse

Aquí es donde la conversación se vuelve humana, y es la parte que más me interesa rescatar.

"No es como que digamos 'ah, todos los Testigos de Jehová son malos'. Son personas engañadas, que con todo su corazón quieren creer eso."

Y explica por qué salirse es tan caro:

"Se dan cuenta de que sus enseñanzas están mal y que se tienen que salir, pero tienen todo un entorno familiar, de amigos, toda su vida gira alrededor. Serían aislados totalmente. A muchos se les dice que ni siquiera les hablen."

"Muchos están pasando por ese duelo. Son meses o son años."

Compara el costo con el de un musulmán que se convierte en un país donde eso lo pone en riesgo real. Y de ahí sale la corrección al modo en que muchos cristianos abordan el tema:

"Creemos que voy a hablar cinco minutos y se tiene que convertir, y si no, ya es un necio. La realidad es que no. Es todo un proceso. Tenemos que ser pacientes, pero sobre todo tenemos que amarlos."

Esa es la línea que salva al artículo entero de ser una lista de errores ajenos. La distinción que hace es entre una idea y una persona: puedes creer que la idea está equivocada y seguir tratando a la persona con dignidad. En una conversación sobre religión —o sobre política, o sobre cualquier cosa donde alguien tenga la identidad puesta— esa distinción es todo.

Qué hacer esta semana

Cambia tu métrica. En la próxima discusión que tengas, olvídate de ganar. Pregúntate solo una cosa al final: ¿esta persona querría volver a hablar conmigo? Si sí, ganaste.

Habla en la moneda del otro. Si el otro no acepta tu fuente —tu Biblia, tu estudio, tu experiencia—, tu argumento no le llega aunque sea correcto. Busca terreno común antes de argumentar.

Prepárate antes de necesitarlo. El punto de Farid: no puedes decirle a la oportunidad "espérame tres años mientras me capacito". Sobre eso escribimos también en prepararse para la oportunidad.

Y separa la idea de la persona. Es lo más difícil y lo único que abre puertas. Puedes estar en desacuerdo con lo que alguien cree sin tratarlo como enemigo. También lo tocamos en qué es la religiosidad.

El episodio

La conversación completa con Farid Buenrostro en Una Plática Muy Natural.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la apologética cristiana?

Es la disciplina que se dedica a dar razones de la fe. Su texto base es 1 Pedro 3:15, que pide estar preparado para presentar defensa "con mansedumbre y reverencia". No es discutir para ganar: es responder preguntas de forma que la conversación pueda continuar.

¿Por qué se dice que los Testigos de Jehová son una secta y no una denominación?

Porque en la clasificación teológica cristiana una denominación comparte el núcleo doctrinal —la deidad de Jesús, la Trinidad, la resurrección— y difiere en lo secundario, mientras que un grupo que niega ese núcleo queda fuera. Los Testigos de Jehová sostienen que Jesús no es Dios en el mismo sentido que el Padre. Es una clasificación teológica hecha desde el cristianismo, no un juicio legal ni un insulto.

¿Cómo hablar con un Testigo de Jehová sin discutir?

Según este episodio: entendiendo primero cómo piensan, usando su propia traducción bíblica en vez de la tuya, teniendo paciencia con un proceso que puede durar años, y recordando el costo real que para ellos tiene salirse —perder familia y entorno completo—. Y midiendo el éxito por si quieren volver a platicar contigo.

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