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Una iglesia dentro del penal de Santa Martha: la historia del pastor Rodolfo Romero - Jerry Velazquez

29 mar 2024
5 min de lectura

Actualizado: 8 oct

"Un día en la cárcel es de bendición, si vas con un corazón dispuesto." Con esa frase el pastor Rodolfo Romero desarma el miedo que muchos tenemos a pisar un penal. En Una Plática Muy Natural cuenta con Jerry Velázquez cómo empezó, junto con su esposa y sus hijos, un trabajo con mujeres presas en la Ciudad de México que hoy incluye discipulado, una iglesia dentro del penal y una red de iglesias que llevan ayuda. Este artículo resume su historia, plantea las preguntas incómodas y explica cómo apoyar con responsabilidad.

Lo que busca quien teclea "ministerio en cárceles"

Quien busca este tema suele querer saber tres cosas: si es posible predicar dentro de un penal, qué impacto tiene y cómo puede ayudar sin hacer daño. El testimonio de Rodolfo responde con hechos concretos, contados por alguien que lo vive cada miércoles y viernes.

Quién es Rodolfo Romero y cómo empezó

Rodolfo es pastor y, durante muchos años, fue payaso junto con sus tres hijos. Relata que un amigo payaso lo invitó a un concurso en reclusorios de la Ciudad de México, y que en uno de esos eventos, sin avisarle, lo presentaron con el micrófono y le dijeron: "haz lo que sabes hacer". Comenzó a hablar del amor de Dios y, según cuenta, el auditorio pasó del relajo al llanto. Después, una licenciada de actividades culturales le pidió ayuda con un grupo pequeño de payasas en el penal femenil de Santa Martha Acatitla. Aunque debía cruzar la ciudad cada miércoles, notó un cambio en la cara de ellas y aceptó. Se propuso hablarles de Jesús, invitó a su iglesia y el grupo llegó a tener entre 20 y 25 mujeres. Su esposa se sumó al trabajo cuando vio la necesidad espiritual de las internas, quienes les entregaban papelitos pidiendo oración por sus hijos y familias.

Cuando las autoridades vieron los resultados, empezaron a pedirles apoyo en otros centros. Rodolfo aclara que dentro de un penal no se puede predicar abiertamente sin un permiso especial y que la entrada fue el show de payasos, pero que su prioridad siempre fue hablar del Señor. Hoy su meta es una iglesia dentro del penal, llamada Casa para Dios Santa Martha, en coordinación con otros pastores.

Un día en el penal: talleres, discipulado y una iglesia

El ministerio funciona por bloques de tres meses, con inscripciones a inicios de año. Rodolfo cuenta que en una clase llegaron a tener 230 mujeres, aunque los talleres tienen un límite de unas 30 personas por control. El primer bloque de discipulado terminó con 40 mujeres, un segundo con 35 más, y calcula que unas 80 se están preparando para la iglesia interna. Entre ellas hay líderes que toman asistencia y preparan café, y una mujer a quien llama pastora dentro del penal. También relata que del grupo de Débora han salido ocho mujeres que cumplieron su proceso, y que siete están hoy activas en iglesias.

Dicen que la directora les contó que ya hay menos agresividad entre las internas. Como todo testimonio, esto es lo que Rodolfo dice haber observado, no un estudio. Pero el dato de contexto ayuda a dimensionar el reto: según la CNDH, en enero de 2019 el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla tenía 1,200 personas privadas de la libertad y 61 menores que vivían con sus madres. Rodolfo, por su parte, calcula unas 1,850 mujeres y dice que el número varía a diario, porque cada día ingresan entre diez y quince.

Historias que cuenta, con sus propias palabras

Rodolfo relata varios casos, que conviene leer como testimonios personales:

  • Mujeres de origen criminal. Cuenta que entre las asistentes hubo mujeres vinculadas con organizaciones delictivas que lloraban al hablar de la cruz. Según él, "solamente el único que lo puede hacer es el Señor".

  • Un caso de audiencia. Dos mujeres extranjeras, procesadas por un delito grave, pidieron oración antes de su audiencia. Rodolfo dice que salieron libres. No hay manera de verificar el caso desde fuera; es su testimonio.

  • Una enseñanza de Lucas 5. En lugar de predicar sobre la pesca milagrosa, les habló de la obediencia de Pedro: había terminado su jornada, ya había limpiado la red y, aun así, obedeció. Lucas 5:5 dice: "Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos trabajado, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red".

  • Un regreso inesperado. En una visita a otro penal, una mujer que conoció en Santa Martha lo reconoció y lo abrazó, y le dijo "papá".

La parte incómoda: "son culpables, déjalas ahí"

Rodolfo cuenta que una persona con recursos se negó a ayudar en el Día del Niño diciendo: "ellas son culpables, déjalas ahí". Meses después, esa misma persona le pidió ayuda porque su sobrina estaba en Santa Martha y la golpeaban. Esa postura existe, incluso entre cristianos, y vale la pena tomarla en serio. Quien ha sido víctima de un delito tiene derecho a la justicia, y acompañar a una interna no significa excusar lo que hizo ni minimizar el daño. Rodolfo no plantea eso: dice que hay inocentes, culpables y personas que reconocen su culpa, y que todas necesitan oír del amor de Dios. La Biblia no separa justicia y misericordia. Mateo 25:36 dice: "Estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí". Y Hebreos 13:3 pide: "Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos".

Cómo ayudar sin improvisar

Rodolfo explica que su prioridad es contar con ayuda constante y no solo ocasional. Esto es lo que pide:

  1. Biblias. Es la prioridad número uno.

  2. Artículos de higiene. Jabón, champú, cepillos y pasta de dientes, peines y toallas sanitarias. Al repartir 100 kits para 200 o más mujeres, las bolsas se dividen. Según explica, en el Estado de México las reglas son distintas y hay que quitar etiquetas y partir los productos, así que hay que preguntar antes de llevar algo.

  3. Café, azúcar y leche en polvo para el grupo del miércoles y viernes.

  4. Oración. Propone una red de personas o matrimonios que oren por tres o cuatro mujeres, reciban sus peticiones y, si lo desean, aporten algo cada mes.

  5. Transparencia. Si envías dinero, pide que te muestren la compra o el ticket. Rodolfo dice que él lo hace así.

Ninguna visita o donación se debe improvisar: cada centro tiene reglas, permisos y listas de ingreso. Si tu iglesia quiere participar, comunícate con el ministerio y con las autoridades del penal antes de ir. Si tienes un familiar preso y atraviesas el dolor de la separación, puede ayudarte leer sobre la culpa y la vergüenza y sobre el perdón en la familia.

Una invitación a la iglesia

Rodolfo lanza un reto a las congregaciones: "a veces las iglesias ya están muy dormidas", dice, y pide que escuchen cómo cantan las internas, sin luces ni baterías. Puedes leer más sobre el papel de la iglesia en la vida de las personas.

Preguntas frecuentes

¿Puede un pastor predicar dentro de un penal en la Ciudad de México? Según Rodolfo, se requiere un permiso especial; ellos entraron primero con actividades como el show de payasos y luego fueron autorizados para el ministerio.

¿Qué se puede donar a las internas? Rodolfo pide Biblias, productos de higiene y alimentos básicos, pero recomienda preguntar antes por las reglas de cada penal.

¿Cómo puedo apoyar si no soy cristiano? Rodolfo cuenta que una señora que no era cristiana quiso ayudar con café y azúcar. El apoyo no está limitado a la fe; lo importante es hacerlo con transparencia y de acuerdo con las reglas del penal.

Mira el episodio completo en el video de esta página para escuchar los testimonios tal como los cuenta Rodolfo.

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