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Mataron a una familia entera por una caja de bitcoins que ni siquiera sabían si existía

Lo que informó la Fiscalía

El 1 de septiembre de 2026, entre las 17:23 y las 19:43 horas, dos hombres entraron y salieron de un departamento en el fraccionamiento Grand Viure, zona de Bosque Esmeralda, en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Cuando la policía municipal llegó, ya de madrugada, encontró a cuatro personas y al perro de la casa sin vida.


Las víctimas: Jonathan Samuel Meléndez Ochoa, de 38 años, conocido como "Honas", tecladista y cofundador de la banda Camilo Séptimo; su esposa Ana Paula, de 35 años, con cuatro meses de embarazo; la hija de ambos, de 3 años; y Aleyda Romero Victorio, de 21, quien cuidaba a los niños de la familia y estudiaba enfermería. Un niño pequeño de la casa sobrevivió. Los medios difieren en su edad —unos dicen cinco años, otros seis— y la Fiscalía no la ha precisado públicamente.


En su comunicado 0839/2026, del 4 de septiembre de 2026, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México informó que cumplimentó órdenes de aprehensión contra Diego Sebastián "N", señalado como socio de Meléndez, y Gerardo "N".


Los delitos imputados son homicidio calificado, interrupción del embarazo y crueldad a seres sintientes. Ambos ingresaron al penal de San Pedro Barrientos, en Tlalnepantla, el viernes 4 de septiembre, con audiencia inicial programada para el sábado 5.


El móvil que dio la Fiscalía es lo que cambia por completo la lectura del caso. Según la institución, los investigados "suponían" que en ese departamento había "una caja fría con cantidades millonarias de dólares en Bitcoins". Una caja fría es un dispositivo donde se guardan criptomonedas desconectado de internet. La Fiscalía añadió que Diego Sebastián "N" le pagaría a Gerardo "N" dos millones de pesos "por la ayuda".


La reconstrucción oficial ubica la preparación desde el 31 de agosto y señala que el primer detenido entró al edificio previa autorización telefónica desde el interior.


Teclado y sintetizador vacíos en un escenario con luz tenue, en referencia al caso de Honas Meléndez

La banda publicó un comunicado en Instagram el 2 de septiembre: "Con profundo dolor despedimos a nuestro querido hermano Jonathan Samuel Meléndez Ochoa, 'Honas'", y más adelante, "celebramos tu música, tu vida y tu luz". También extendió condolencias a la familia de Aleyda Romero.


Dos precisiones necesarias. Primera: los dos detenidos son presuntos responsables y su situación jurídica se define en audiencia; nada de lo que sigue prejuzga eso. Segunda: el comunicado de la Fiscalía habla de cinco personas fallecidas, mientras los medios identifican a cuatro más el embarazo; la institución no ha aclarado ese conteo.



"Suponían" es la palabra más pesada de todo el comunicado

Léela otra vez. No dice que había una caja fría con millones en bitcoins. Dice que ellos suponían que la había.

Cuatro personas, un embarazo de cuatro meses y un perro. Por una suposición.


No hubo una traición, ni una deuda comprobada, ni un pleito de años que se desbordó. Hubo un rumor de riqueza, un cálculo y una decisión. Alguien se convenció de que en ese departamento había una fortuna, le puso precio a la ayuda —dos millones de pesos— y siguió adelante.


Eso es lo que hace este caso distinto a la nota roja de todos los días. No es la historia de un asalto que salió mal. Es la historia de una idea que creció sin freno en la cabeza de alguien hasta volverse un plan con herramienta comprada dos días antes.


"Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores" (Proverbios 1:19, RVR1960).


Ese versículo se suele predicar como advertencia contra el amor al dinero, casi en abstracto. Aquí está en su forma literal. La codicia quitó vidas. Y ni siquiera hay evidencia pública de que el tesoro existiera.


La puerta no la forzaron. Se la abrieron

Este es el detalle que me quita el sueño y del que casi nadie está hablando.

Según la reconstrucción oficial, el primer detenido subió al elevador después de que le autorizaran el acceso por teléfono desde adentro. No entró rompiendo nada. Entró porque alguien dijo que sí.


Y no era un desconocido: la Fiscalía lo identifica como socio de Meléndez.

Todos tenemos un círculo de gente que puede entrar sin tocar. La que tiene la clave del portón, la que sabe dónde guardas los documentos, la que puede llamar a las once de la noche y le abres. Ese círculo es una bendición, y es también la única puerta que la seguridad de un fraccionamiento no puede vigilar.


No te estoy diciendo que desconfíes de todos. Eso es una manera horrible de vivir y no es cristiano. Te estoy diciendo algo más incómodo: la confianza es un riesgo real, no un sentimiento bonito. Y el riesgo crece cuando mezclas confianza con dinero sin ponerlo por escrito.


Hay un patrón que veo una y otra vez en la gente que se acerca a pedir consejo: sociedades armadas entre amigos, sin contrato, sin cuentas separadas, sin nada más que un apretón de manos y buena voluntad. Funciona hasta que deja de funcionar. Y cuando deja de funcionar, la amistad no protege a nadie. Sobre lo que la amargura hace en el corazón cuando esa clase de vínculo se rompe escribí aparte, porque es un veneno que se toma solo el que fue traicionado.


Aleyda Romero tenía 21 años y no tenía nada que ver

Ella iba de Chalco a Atizapán a cuidar niños mientras estudiaba enfermería. Su tío la describió como el orgullo de la familia. Una tía dijo a medios: "no merecía morir de esa manera".


No tenía sociedad con nadie. No tenía criptomonedas. No estaba en ningún pleito. Estaba trabajando.

Y ahí está lo que la violencia en México te enseña si la miras de frente: no respeta el perímetro del conflicto. No hay una lista de involucrados. Cuando alguien decide entrar armado a una casa, todos los que están adentro quedan dentro del problema, incluyendo a la muchacha de 21 años que solo pasó a cuidar a los niños esa tarde.


Por eso me molestan tanto las conversaciones de sobremesa que empiezan con "algo habrá hecho". Es una frase que sirve para una sola cosa: para que quien la dice se sienta a salvo. Si el que murió hizo algo, entonces yo, que no hago nada, estoy protegido. Es mentira, y además es una crueldad para las familias que quedan.

Aleyda Romero es la prueba.


Lo que la caseta y las cámaras sí hacen (y lo que no)

Ese conjunto tiene acceso controlado, torre, caseta y cámaras. Sirvieron. Gracias a ellas la Fiscalía pudo reconstruir minuto a minuto la entrada, la salida y las placas del vehículo, y ubicar a dos personas en menos de nueve horas.

Lo que no hicieron fue impedirlo.


Vale la pena decirlo sin alarmismo y sin propaganda: la infraestructura de seguridad de un fraccionamiento privado es, sobre todo, un sistema de registro. Documenta. Ayuda a investigar. Pero no detiene a quien va autorizado desde adentro, y ese es exactamente el caso.


Si vives con esa clase de tranquilidad prestada —"aquí no pasa nada, es privada"—, este caso te está diciendo algo. No que te aterres. Que sepas de qué te protege realmente lo que pagas cada mes en mantenimiento.


Qué sí puedes revisar esta semana


Nada de "cuídate mucho". Cinco cosas concretas:


Quién tiene acceso a tu casa. Haz la lista mental. Claves del portón, llaves, código de la alarma, gente autorizada en caseta. ¿Sigue vigente esa lista o quedó de hace tres años?


Tus sociedades, por escrito. Si tienes negocio con alguien y no hay contrato, cuentas separadas ni registro de aportaciones, eso no es confianza, es exposición. Esto no es asesoría legal ni financiera: es la señal de que necesitas sentarte con un abogado o un contador antes de que haya un conflicto, no después.


Lo que se sabe de tu dinero. Hay una lección incómoda aquí: alguien creyó que en esa casa había millones. No sé de dónde salió esa idea, y la Fiscalía tampoco lo ha dicho públicamente. Pero sí sé que en México presumir patrimonio —en redes, en el grupo de WhatsApp, en la sobremesa— tiene un costo.


Avisa a dónde vas y con quién. Reportes de prensa señalan que Meléndez le pidió a un amigo que alertara a las autoridades si perdía comunicación. Eso ya lo hacía bien. Hazlo tú también, sin pena.


Habla de esto en tu casa. No con miedo. Con claridad. Los niños de la casa entienden más de lo que crees.


Qué no decirle a la gente que quedó


Van a quedar padres, hermanos, abuelos, un niño que sobrevivió y va a crecer con esto.

Y va a haber gente de buena fe repitiendo frases que hacen daño.


"Dios lo necesitaba más." No. Nadie que lea el evangelio con calma puede sostener que Dios necesitaba a una niña de tres años.

"Todo pasa por algo." Tal vez, pero eso no se le dice a alguien que enterró a su familia esta semana. Se le dice cuando lo pregunte, si lo pregunta, y años después.

"Ya está descansando." Puede ser cierto y aun así no ayudar, porque el que está sufriendo no es el que se fue.


Lo que sí sirve es poco y aburrido: presencia, comida, trámites, callarse y quedarse. La fe no es una explicación rápida para el dolor ajeno; es la decisión de no soltar a alguien mientras atraviesa lo que no tiene explicación. Escribí sobre eso cuando la tristeza pesa más de lo que uno puede cargar.


Y si esto te movió cosas viejas —miedo, insomnio, imágenes que no se van—, no lo minimices ni lo espiritualices. Habla con un profesional de salud mental. Orar y ir a terapia no son opciones enfrentadas; sanar el alma es una tarea que casi nadie atiende a tiempo.


Lo que queda

Camilo Séptimo escribió canciones que mucha gente de veintitantos usó para sobrevivir a una ruptura, a una mudanza, a un año difícil. Los teclados de esos discos los puso Honas.

Eso no se lo llevaron. Lo demás sí.


Que haya justicia por vía legal, con proceso y con pruebas, no es un deseo poco espiritual. Es lo mínimo que se le debe a Ana Paula, a una niña de tres años, a Aleyda Romero y a un bebé que no alcanzó a nacer.


¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que revisaste quién tiene la llave de tu casa y quién tiene acceso a tu dinero? Si este caso te dejó pensando, escríbeme. Leo todo lo que llega.


-Jerry Velazquez

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