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Compraron una piscina inflable por DoorDash para bautizar a una paciente en la UCI

Tres enfermeras de una unidad de cuidados intensivos en Alabama usaron su propio dinero para comprar una piscina de niños, la llenaron con agua del lavabo usando tubos de ventilador, y bautizaron a una mujer que estaba a punto de irse a su casa a morir.


Jeannie Guffey tenía 74 años. Le habían diagnosticado cáncer de pulmón el verano anterior y estaba internada en el cuarto piso del Huntsville Hospital, en Alabama, rodeada de monitores y soportes intravenosos. Ya se preparaba su traslado a casa bajo cuidados paliativos.

Antes de salir, le dijo a su familia lo que quería: ser bautizada.

Nadie sabía cómo hacerlo. Un bautismo por inmersión, en una habitación de terapia intensiva llena de equipo médico, con una paciente que no podía sostenerse en pie.

Las enfermeras Erin Powers, Kaitlin Swaim y Emily Owens buscaron en internet cómo resolverlo. Después compraron con su propio dinero una piscina inflable para niños en una farmacia Walgreens y la pidieron por DoorDash al hospital, el 8 de julio. La familia llevó una bomba eléctrica para inflarla. Ellas armaron una manguera improvisada con tubos de ventilador y la llenaron con agua tibia del lavabo de la habitación.

"Era un último deseo muy importante para la paciente y su familia, así que teníamos que encontrar la manera", dijo Emily. "A veces simplemente tienes que ponerte creativo."
piscina inflable por DoorDash para bautizar

Cuando todo estuvo listo, el personal usó la grúa de techo instalada en la habitación para bajar a Jeannie al agua. Su hijo Jody la bautizó. Su esposo Ronnie y el resto de la familia rodearon la piscina.

"Las enfermeras hicieron mucho más de lo que les tocaba, a la hora once, cuando se nos estaban acabando las opciones", contó Carol Guffey, su nuera. "Verla bautizada fue como si nos quitaran el peso del mundo de encima."

Al día siguiente le dieron de alta. Jeannie pasó sus últimos días en su casa de Huntsville, acompañada de su familia. Murió en paz el viernes 17 de julio de 2026, nueve días después del bautismo.

"Fue completamente cosa de Dios", dijo Carol.

Información publicada por el Huntsville Hospital Health System el 26 de agosto de 2026.


La hora once

Hay una frase de Carol que se pasa rápido y a mí me detuvo: a la hora once, cuando se nos estaban acabando las opciones.

Casi toda la fe que se predica está pensada para la hora tres. Cuando todavía hay margen. Cuando el diagnóstico se puede revertir, la deuda se puede pagar, el matrimonio se puede reparar, todavía queda tiempo para enderezar las cosas. Ahí es fácil hablar de confiar en Dios, porque en el fondo seguimos calculando que las circunstancias van a cambiar.

La fe de la hora once es otra cosa. No está pidiendo que cambien las circunstancias. Ya no hay circunstancias que cambiar. Lo único que queda por decidir es qué haces con el tiempo que te queda.

Y fíjate bien en lo que Jeannie pidió. No pidió sanidad. No pidió más tiempo. Pidió bautizarse.

Esa mujer sabía perfectamente lo que venía. Estaba en terapia intensiva, la estaban mandando a casa con cuidados paliativos, y con eso claro decidió que lo importante era obedecer.

La obediencia no espera condiciones ideales

Hay una escena en Hechos que se parece mucho a esta.

Felipe va en un camino del desierto explicándole las Escrituras a un funcionario etíope que viajaba en su carro. En algún momento el hombre entiende, mira alrededor, y hace una pregunta que suena casi impaciente:

"Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?" (Hechos 8:36, RVR1960)

No estaban en un templo. No había congregación, ni programa, ni fecha en el calendario. Había un charco de agua en medio del desierto y un hombre que acababa de entender algo. Se bajaron del carro y ahí mismo lo bautizó.

Dos mil años después, una piscina de niños llenada con agua del lavabo de un cuarto de hospital. El mismo principio.

La forma nunca fue el punto. Nosotros la volvimos el punto.

Cuántas decisiones de fe se quedan pendientes por eso. Porque no era el momento. Porque faltaba organizarlo bien. Porque primero había que arreglar otras cosas. Porque no se sentía uno listo.

Y un día ya no hay tiempo de organizarlo bien.

Lo que se puede dar cuando ya no se puede resolver

Hay otra parte de esta historia que no tiene que ver con Jeannie, sino con las tres enfermeras.

Ellas no podían hacer nada contra el cáncer. Ni una sola cosa. El diagnóstico estaba dado, el pronóstico estaba dado, y su trabajo esa semana consistía en preparar a una paciente para irse a morir a su casa.

Podían haberse quedado ahí, en lo estrictamente clínico. Nadie las habría acusado de nada. Nadie le exige a una enfermera de terapia intensiva que resuelva la vida espiritual de un paciente.

Pero hicieron otra cosa: preguntaron qué le importaba a esa mujer, y trabajaron para que eso pasara. Investigaron. Pusieron su dinero. Improvisaron con tubos de ventilador. Usaron la grúa del techo. Se metieron en el problema de otra familia porque decidieron que valía la pena.

Eso tiene un nombre y no es "amabilidad". Es dignidad.

"Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda." (Isaías 1:17, RVR1960)

Todos esos verbos son concretos. Ninguno es un sentimiento.

Y esto aplica para mucha más gente de la que uno cree. Si estás cuidando a un enfermo, a un papá mayor, a alguien que ya no va a mejorar, esta historia es para ti. Habrá días en que no puedas resolver nada. Pero casi siempre puedes honrar lo que a esa persona le importa. A veces lo que se puede dar no es la solución. Es que la persona llegue al final habiendo hecho lo que quería hacer.


Lo que estás dejando para después

Aquí es donde esta nota deja de ser sobre una señora en Alabama.

No te voy a decir que te puedes morir mañana. Eso es chantaje y además ya lo sabes.

Te voy a preguntar otra cosa: ¿qué decisión llevas años posponiendo porque las condiciones nunca terminan de ser las adecuadas?

Puede ser un bautismo que sigues aplazando. Una conversación con alguien de tu familia que llevas años evitando. Un perdón que no has pedido. Una deuda que no has reconocido. Volver a una iglesia. Dejar algo que sabes que te está destruyendo.

Lo que sea, seguramente tienes una lista de razones muy razonables para no hacerlo todavía. Todos la tenemos.

Jeannie tenía razones mucho mejores que las tuyas para no bautizarse. Estaba en terapia intensiva, conectada a monitores, sin poder sostenerse en pie, con el cáncer avanzado y la salida programada. Si alguien tenía una excusa perfecta, era ella.

Aun así preguntó.

Sepultados y resucitados en la misma frase

Pablo lo dice completo así:

"Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva." (Romanos 6:4, RVR1960)

Es un solo versículo y tiene las dos cosas: la sepultura y la vida nueva. No se puede citar la mitad sin traicionar la otra.

Jeannie vivió las dos en nueve días. Entró al agua un 8 de julio y murió el 17. Para cualquiera que mire eso desde fuera, la historia termina en tumba.

Pero el bautismo nunca fue una garantía de que no te vas a morir. Es la declaración pública de que la muerte ya no es lo último que te va a pasar.


Por eso la última palabra de esta historia no la tuvo el cáncer. La tuvo una mujer de 74 años que, con el tiempo contado y en una piscina de plástico, decidió que todavía valía la pena obedecer.


¿Hay algo que llevas tiempo posponiendo? Escríbeme. A veces decirlo en voz alta es el primer paso.

— Jerry Velázquez

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