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Salir de la santería: la historia de Pris Fonseca

2 mar 2025
9 min de lectura

Actualizado: hace 2 días





El episodio completo con Priscila Fonseca en Una Plática Muy Natural.

Encerrada en el baño de su casa, llorando sin poder parar, con trabajo y con pareja y con la sensación de estar completamente vacía, Priscila Fonseca se hizo una pregunta que no venía de ningún lado.

"Espérate. ¿No será que lo que falta en tu vida es Dios?"


Llevaba siete años practicando santería. Había sido consagrada a los 15. Y esa noche, en el piso del baño, pidió perdón sin saber todavía por qué lo estaba pidiendo.

Esta es la conversación completa en Una Plática Muy Natural.


Priscila Fonseca en el podcast Una Plática Muy Natural con Jerry Velázquez

Quién es Priscila Fonseca

Le dicen "la bibliotecaria de la apologética" y el apodo no es exageración: dice leer entre 80 y 180 libros al año. Estudia la licenciatura en teología, es escritora, y su blog se llama Encuéntrame en el cielo.


El nombre del blog no es suyo. Lo tomó del final de un libro de Charles Spurgeon, donde el autor se despide del lector diciéndole que si no lo conoce en vida, lo encuentre en el cielo. "Se me quedó así como que, uh, mi corazón", cuenta.

También conduce su propio podcast, Destacados Fanáticos, que define como "el podcast cristiano para los amigos ateos", dedicado a derribar los prejuicios que impiden a alguien acercarse a Jesús.

Ese contraste es el punto de toda esta plática: la mujer que hoy desarma argumentos ateos pasó siete años trabajando del otro lado.


Empezó con lo que leía a los 10 años

"Desde muy chiquita tuve como esta afinidad a lo paranormal, y siempre veía cosas y escuchaba cosas."

Su familia no era cristiana. Describe la mezcla como "un poquito de todo", con una costumbre arraigada: consultar santeros. De niña los acompañaba, aunque la dejaban afuera del cuarto donde se hacían las consultas.

Y en su casa había libros que no debía haber leído. Los encontró y los leyó. A los 10 años ya andaba en textos de contenido satánico y en revistas de divulgación que mezclaban artículos curiosos con temas ocultistas.

Ella misma pone el dedo en la llaga cuando explica cómo funciona eso:

"Cuando decimos que abre portales, no es que tú te pares en un portal y digas 'bienvenido'. Lo haces a través de... en mi caso fue del morbo."

No fue un pacto. Fue una curiosidad que se fue acumulando durante cinco años.


Los 15 años, el insomnio y la primera limpia

A los 15 empezaron las visitas nocturnas. Ya no podía entrar a su cuarto. Le decía a su familia que veía a un niño y nadie le creía, hasta la madrugada en que su papá subió y también lo vio.

De ahí vino la ruta que muchas familias mexicanas conocen: la llevaron con tarotistas, con el cura, con chamanes, con brujos. "Para hacerme un montón de limpias, pero no se me quitaba."


Llegó al punto de no dormir nada. "Dije: ya, o sea, ya estoy loca, me van a llevar, lo que sigue es el sanatorio."

Entonces su papá le planteó el último recurso: un santero. Ella aceptó lo que fuera con tal de dormir.

En ese momento, aclara, ni siquiera sabía que existía algo llamado cristianismo aparte del catolicismo. "Para mí era la Iglesia Católica y ya."


"Aquí no trabajamos para Dios"

Lo que el babalao —el sacerdote de esa religión— le dijo en la primera consulta fue lo que la enganchó: empezó a describirle los muertos que ella veía, cosas que no le había contado a nadie.

"Dije: ya, de aquí soy. Él sí me entendió, él lo está viendo, y también le va a decir a mi familia que no estoy mal."

Le hicieron una limpia. Esa noche durmió. Al día siguiente el santero le ofreció entrar formalmente, y aquí viene la frase que ella hoy agradece:

"Esto es lo que yo le agradezco al Señor: que tuve un babalao honesto. Porque hay mucha gente engañada por babalaos que les dicen que estando ahí pueden practicarlo y Dios no tiene problema con ello. Al menos el mío me dijo: aquí no trabajamos para Dios. ¿Si entiendes lo que te estoy diciendo?"

Le preguntó para quién trabajaban. Ella entendió. Y dijo que sí.

Tenía 15 años y, según cuenta, sabía perfectamente lo que estaba aceptando, precisamente por todo lo que ya había leído.


Siete años adentro

La consagración incluyó una ofrenda de animales que ella no quería hacer —"yo lloraba, decía es que no quiero"— y a la que accedió después de más de una hora de convencimiento. Describe lo que vio después como algo que parecía montaje teatral, pero sin truco posible: ella misma había preparado los materiales.

También describe la amenaza que forma parte de la iniciación: si te sales sin permiso, te va a ir mal.

De los 15 a los 22 practicó. Tuvo clientes. Puso sus propios límites —dice que se negaba a hacer amarres románticos y trabajos para dañar a alguien—, pero convivía cotidianamente con lo que llama presencias, y llegó a poder ordenarles cosas.

"Se volvió algo como bien tétrico, pero para mí era normal. Aun así me espantaba."

Aquí conviene decirlo con claridad: en esta plática no hay instrucciones, ni nombres de rituales explicados paso a paso, ni recomendaciones. Hay un testimonio de alguien que salió.


La posesión que se salió de control

El final llegó haciendo un trabajo. La posesión se descontroló y ella no pudo salir del trance.

"Empecé a querer gritar por ayuda, pero salía una risa. Y la risa no era yo."

Describe haber estado consciente de que la voz y los movimientos no eran suyos. Su familia lo escuchó y lo tomó como parte del trabajo. Solo su entonces novio, hoy su esposo, se preocupó.

Cuando la soltaron, se quitó todo. "Ya, aquí no más."

Y ahí empezó la parte que ella considera clave para entender por qué tanta gente no se sale:

"Me empezaron a pasar un montón de tragedias, y todo se me fue a pique. Es ahí donde a la gente le da tanto miedo, que prefiere quedarse a buscar ayuda para salirse."


El baño, la amiga y la respuesta al día siguiente

Después de eso vino el vacío. Prefería estar a las doce de la noche en la calle que dentro de su casa. Hasta que una noche colapsó, se encerró en el baño y llegó la pregunta.

Lo que oró, según lo recuerda, fue esto: "Dios, perdóname. Yo te quiero conocer. Llévame a donde tú estás, porque yo sé que en los lugares en los que estoy no estás."

Dice que sintió paz de inmediato y se fue a dormir.

Al día siguiente fue a un café con una amiga que llevaba años sin ver y de la que no sabía que se había hecho cristiana. La amiga le preguntó, sin contexto, si creía en Dios, y empezó a hablarle de Jesús.

"Le dije: no, no es que estés loca. Estoy en shock, porque anoche yo le dije a Dios 'llévame donde tú estás'."

La invitó a la iglesia al día siguiente. Fue.


Todavía le faltaban tres años

Este es el matiz que hace valiosa su historia y que casi nunca aparece en un testimonio contado en diez minutos: aceptar que Dios existe y conocer a Jesús no le ocurrieron el mismo día.

La primera iglesia a la que llegó, cuenta, fue derivando hacia el tema del dinero hasta que "el tema principal dejó de ser el tema principal". Se salió y estuvo un tiempo sin congregarse, aunque seguía escuchando prédicas.

Fue escuchando una predicación sobre la segunda venida —de un predicador con el que, aclara, no coincidía en varias cosas— cuando entendió quién era Jesús. Estaba horneando pan. Se soltó a llorar.

"Ahí fue cuando realmente empezó mi vida cristiana."

Después vino un año de lo que describe como ataques nocturnos, hasta que un hermano de la iglesia le dio el consejo que le sirvió: dejar de discutir con lo que fuera que sintiera y dirigirse directamente a Dios.


Lo que Fonseca opina del tarot, las limpias y los ambientes

Conviene marcar la diferencia: hasta aquí ha sido su testimonio, que es suyo y nadie se lo discute. Lo que sigue son sus convicciones, y hay cristianos serios que no coinciden en todos los puntos.


Sobre el tarot. "El futuro no es nuestro, es del Señor." Sostiene que consultar adivinos es una forma de decirle a Dios que no confías en lo que te va a dar. Y sobre cómo aciertan los adivinos, repite lo que le decía su propio babalao: que esas entidades llevan generaciones observando a la familia. El texto que ella tiene en mente es claro:

"No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas" (Deuteronomio 18:10-12, RVR1960).

Sobre las limpias con hierbas. Aquí hace una distinción que vale la pena: las plantas no son el problema. "El Señor ha creado plantas y todo para nuestro beneficio, como un uso medicinal, pero en su debida preparación." Su objeción es al trabajo espiritual que se hace con ellas, no a la herbolaria.


Sobre las ofrendas. Las describe como un mecanismo de enganche: se cumple, se cumple, y de pronto deja de cumplirse y se pide más. "Hay gente que empeña la casa." Su descripción del ciclo se parece mucho a la de cualquier dependencia.


Sobre los ambientes. Dice que a la fecha distingue los lugares. Presión, sensación de estar siendo observado, en su caso calor y no frío. Cita el principio de 2 Corintios 6:14: "¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?"


Sobre Halloween y el cine de terror. Es su postura más fuerte y también la más discutida entre cristianos. Su argumento no es la caricatura habitual: dice que el miedo, buscado a propósito, no es algo que Dios quiera para nadie, y que el morbo escala. "¿Hasta dónde vas a hurgar para que te dé miedo?" Si te interesa el tema del ambiente y los objetos, aquí hay un texto sobre el ojo turco y qué dice la Biblia.


Y una precisión suya que hay que rescatar, porque evita que esta plática se vuelva un ataque: sobre la mezcla entre santería y catolicismo popular, aclara que "esto no viene parte del Vaticano ni nada", sino de la costumbre de la gente que combina lo que aprendió del catecismo con otras prácticas. "Hay que poner las cosas en su lugar."


Por qué insiste tanto en leer

El otro gran tema de la conversación es la lectura, y en su caso no es un consejo genérico: los libros fueron la puerta de entrada al ocultismo y también la salida.

Recomienda leer la Biblia, un libro famoso del propio país, y un clásico de otro. Está armando lo que llama su "mapamundi literario": un libro de cada país. Lleva doce.


Sobre qué evitar, es directa: material escrito por ocultistas. Su razón es sensata y no alarmista. "Está escrito por alguien cuya intención es engañarte o enamorarte para ser parte de esa secta." Si alguien quiere entender esos temas para evangelizar, sugiere leer testimonios escritos por cristianos.

Y da un consejo práctico que sirve para cualquiera: revisa la biografía del autor en la contraportada, y si no viene, búscalo en el celular ahí mismo en la librería. También advierte que no todo lo que está en una librería cristiana es confiable por estar ahí.


"¿Cuál fue el precio de tu rescate?"

La pregunta la hago siempre y casi nadie contesta lo que ella contestó.

"Honestamente te diría que ninguno."


Explica que a veces piensa "señor, si te hubiera conocido antes", pero que al mirarlo en frío reconoce algo incómodo: "Era tan necia que lo hubiera rechazado. Solo hasta que toqué fondo con el demonio fue que yo entendí que él existía."


Su conclusión es la que sostiene todo el episodio:

"El Señor te puede rescatar de donde estés. Yo, que estaba conscientemente en contra suya, trabajando en contra suya, me sacó. Y puede hacerlo con cualquier persona que le busque genuinamente."


Y el texto con el que cierro yo:

"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mateo 11:28-30, RVR1960).


Fíjate en la palabra que se repite: descanso. Toda esta historia empieza con una adolescente de 15 años que no podía dormir.


Una nota necesaria

Este episodio documenta una experiencia personal. No es guía de práctica ni de "contra-práctica", y tampoco sustituye ayuda profesional.

Si estás atravesando insomnio prolongado, angustia intensa, alucinaciones o pensamientos que te asustan, busca a un médico o a un profesional de salud mental. Orar y buscar atención no son cosas opuestas. La propia Fonseca distingue con cuidado entre la ansiedad clínica y la que uno se provoca solo, y esa distinción importa.


Dónde encontrar a Priscila Fonseca

Su blog se llama Encuéntrame en el cielo. En Instagram está como pris en el cielo, en Facebook como Priscila Fonseca, y su podcast es Destacados Fanáticos.

Ella misma abrió la puerta durante la plática: si tienes dudas sobre algún autor o algún libro, puedes escribirle y te orienta.

Ya llevamos varios episodios tocando este terreno. Si te interesa por dónde más ha ido esta conversación, aquí está lo que escribí sobre La Biblia Subterránea y el amor de Dios por lo que muchos desprecian.


Y ahora la pregunta para ti: ¿conoces a alguien que ya se dio por perdido? Mándale este episodio. Y si eres tú, escríbeme. Leo todo lo que llega.


Preguntas frecuentes

¿Qué es la santería y de dónde viene? Según cuenta Fonseca en el episodio, tiene origen yoruba en África, pasó por Cuba, donde se fusionó con elementos locales, y al llegar a México se mezcló además con el catolicismo popular. Por eso hoy aparece revuelta con oraciones y figuras católicas.


¿Se puede salir de la santería? El episodio completo es el testimonio de alguien que practicó siete años y salió. Ella describe un proceso de aproximadamente un año de dificultad después de dejarlo, no una salida instantánea.


¿Qué dice la Biblia sobre el tarot y la adivinación? Deuteronomio 18:10-12 (RVR1960) enumera adivinación, agorería, hechicería y consultar a los muertos entre las prácticas que Dios llama abominación. El argumento de Fonseca en el episodio es que querer conocer el futuro es una forma de desconfianza.


Podcast



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