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Unión libre o matrimonio: la pregunta que casi nadie hace - Jerry Velazquez

23 jun. 2025
5 min de lectura

Actualizado: 06false46 GMT+0000 (Coordinated Universal Time)

La discusión en la iglesia siempre es la misma: si vivir juntos sin casarse está bien o está mal.

Y en veinte años de esa discusión, casi nadie ha hecho la pregunta práctica: ¿qué pasa legalmente si uno de los dos se muere, se enferma o se va?

Porque ahí es donde la gente se lleva las sorpresas, y ahí es donde nadie la está acompañando.

Lo que realmente está pasando en México

No es una tendencia menor ni es cosa de unos cuantos.

Según datos del INEGI, entre la población de 15 años y más, el porcentaje de casados pasó de 47.6% en 2005 a 36.3% en 2025, mientras la unión libre subió de 11.1% a 17.6%.

El dato que más dice es el de los jóvenes: entre los 15 y los 29 años, los casados cayeron de 20.9% a 7.6% en esas dos décadas. Uno de cada trece.

Si tu iglesia tiene jóvenes, esta ya no es una pregunta hipotética. Es la situación de la mayoría de ellos o de sus amigos.

El concubinato: lo que sí y lo que no

Vivir juntos no te deja sin ninguna figura legal en México. Te deja con una distinta, y con una que hay que probar.

El concubinato es la unión de hecho entre dos personas que conviven de manera pública y estable sin estar casadas. La mayoría de los códigos civiles estatales exigen un mínimo de dos años de convivencia, requisito que suele omitirse si hay hijos en común, y que ninguno de los dos esté casado con alguien más.

Lo que sí da, una vez acreditado: derecho a pensión alimenticia cuando se demuestra dependencia económica, derechos hereditarios, reconocimiento ante el IMSS y el ISSSTE para pensión y beneficiarios, y en algunos estados, reconocimiento de lo aportado a bienes adquiridos juntos.

Aquí está la trampa, y es la parte que nadie explica: en el matrimonio, el acta lo prueba todo. En el concubinato, hay que demostrarlo, y normalmente después de que ya pasó lo malo. Con recibos, contratos de renta, testigos, actas de los hijos o un procedimiento ante un juez. La Ciudad de México permite registrarlo ante el Registro Civil desde 2014; en otros estados hay que ir a tribunales.

Y lo más importante: las reglas no son iguales en todo el país. Cambian los años exigidos, los derechos y la forma de repartir bienes según el estado.

Dicho simple: el matrimonio no es solo un compromiso espiritual. También es un trámite que te ahorra tener que probar tu vida entera frente a un juez el peor día de tu vida.

Lo que dice la Biblia, sin estirarlo

No hay un versículo que hable de actas ni de registro civil. Lo que sí hay es un verbo:

"Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24, RVR1960).

Dejar, unirse, ser una carne. En ese orden.

El argumento honesto a favor del matrimonio no es que vivir juntos sea "más pecado". Es que el matrimonio hace pública y verificable una decisión que de otro modo queda al gusto de cada quien. Lo que se anuncia delante de otros se puede sostener; lo que solo se dice en privado se puede reinterpretar.

Quien no comparta la fe puede llegar a la misma conclusión por el lado legal. Los dos caminos terminan en el mismo lugar.

Lo que de verdad desgasta a una pareja

Aquí junto lo que tenía en tres textos sueltos, porque en la práctica son los tres frentes donde se pelea.

La familia del otro. El verbo de Génesis es dejará, y es el que más se incumple. No significa abandonar a los papás: significa que la lealtad primaria cambió de lugar. El problema casi nunca es la suegra. Es el hijo o la hija que no terminó de mudarse. Si tu pareja se entera por tu mamá de decisiones que le tocaban a ella, el asunto no es la mamá.

La intimidad. Es de lo que menos se habla en la iglesia y de lo que más se resiente en la casa. El texto de Pablo es más equilibrado de lo que se suele predicar: "No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento" (1 Corintios 7:5, RVR1960). Mutuo consentimiento. Ese versículo nunca fue permiso para exigir nada; describe un acuerdo entre dos.

El dinero y el reparto. La mayoría de los pleitos que parecen de dinero son de expectativas que nunca se dijeron en voz alta. Quién decide, hasta qué monto, y qué se consulta. Una conversación de veinte minutos evita años de resentimiento, y casi nadie la tiene.

Sobre por qué la crisis llega aunque los tres frentes estén bien atendidos, ya escribí aparte. Y si algo ya se rompió, perdonar, reconciliar y volver a confiar son tres cosas distintas.

Lo incómodo: tres cosas

Primera: el argumento del "papelito" corta para los dos lados. Quien dice que un papel no cambia nada suele defender no firmarlo, lo cual es raro: si de verdad no cambia nada, firmarlo tampoco costaría nada. Pero el argumento contrario también falla: hay matrimonios con acta y sin ningún compromiso real. El papel no produce fidelidad. Lo que hace es dejar constancia.

Segunda: la iglesia perdió esta conversación por regañar en vez de acompañar. Cuando la única respuesta a una pareja que vive junta es que están en pecado, lo que pasa es que dejan de contarlo, no que se casen. Y pierden al único que podía explicarles lo del concubinato antes de necesitarlo.

Tercera: casarse no es un método para arreglar una relación mala. Si ya hay desconfianza, violencia o desprecio, el acta no corrige nada y sí hace más difícil salir. Esto no es un argumento contra el matrimonio; es contra usarlo como parche.

Qué revisar esta semana

Si viven juntos, averigüen las reglas de su estado. Cuántos años exige, si se puede registrar ante el Registro Civil y qué se necesita para acreditarlo. Una tarde de trámites vale más que diez discusiones.

Hagan la lista de lo que pasaría. Si uno se enferma mañana, ¿el otro puede decidir en el hospital? Si uno muere, ¿qué pasa con la casa? Contéstenlo por escrito, aunque incomode.

Revisen el verbo "dejar". Cada quien anota una decisión de este año que consultó con sus papás antes que con su pareja. Ese es el diagnóstico completo.

Y tengan la conversación del dinero. Veinte minutos, tres preguntas: quién decide, hasta cuánto, y qué se consulta.

Este artículo describe de manera general figuras legales mexicanas y no constituye asesoría jurídica. Las reglas del concubinato varían por estado y cambian con el tiempo: para tu caso concreto, consulta a un abogado.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas parejas viven en unión libre en México?

Según el INEGI, entre la población de 15 años y más, la unión libre pasó de 11.1% en 2005 a 17.6% en 2025, mientras los casados bajaron de 47.6% a 36.3%. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, los casados cayeron de 20.9% a 7.6%.

¿El concubinato da los mismos derechos que el matrimonio?

No exactamente. El concubinato reconoce derechos de pensión alimenticia, herencia y seguridad social, pero normalmente exige acreditar la convivencia, dos años en la mayoría de los estados o menos si hay hijos, y las reglas varían por entidad. En el matrimonio, el acta prueba el vínculo desde el primer día.

¿Qué dice la Biblia sobre vivir juntos sin casarse?

No menciona trámites civiles. Génesis 2:24 describe una secuencia: dejar, unirse y ser una sola carne. El argumento cristiano por el matrimonio suele apoyarse en que hace pública y verificable una decisión, más que en el documento en sí.

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