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Las creencias que heredaste y nadie te actualizó

2 mar 2025
7 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

Una mujer prepara el jamón de Navidad. Lo primero que hace es cortarle las dos orillas y tirarlas.

El marido pregunta por qué. "No sé, así viene en la receta que me dio mi mamá." Va con la suegra: misma respuesta. Va con la abuela, y ahí aparece el origen: "cuando yo aprendí a cocinar ese jamón éramos tan pobres que el único refractario que teníamos era chiquito. Le cortaba las orillas para que cupiera."

Tres generaciones tirando comida por un refractario que ya nadie tiene.

La idea que ordena todo lo demás

Lorenzo Pérez Prieto usa esa historia para explicar la trampa, y su formulación es la mejor del episodio.

De niño te dijeron que existían la cigüeña, Santa Claus, los Reyes Magos y el Ratón Pérez. Les creíste porque te lo dijeron las figuras de autoridad de tu vida. Y en algún momento —a los seis, a los ocho años— alguien te actualizó esas creencias. Te sentaron y te explicaron cómo era en realidad.

Con las creencias sobre el dinero, el merecimiento o el éxito eso casi nunca pasó.

"Nunca te dijeron oye, ¿qué crees?, lo que decía tu abuelito de que el dinero se va como agua entre las manos..."

Y su conclusión es la frase que se queda: "vamos por la vida en cuerpos de adultos, pero con creencias de niños."

Quién es Lorenzo Pérez Prieto

Lorenzo se dedica al crecimiento y desarrollo personal: identificar, cambiar y resignificar creencias. Da programas de acompañamiento y publica en redes bajo un nombre que dice bastante de su método: No me creas nada.

Y es de los invitados que se pone a sí mismo como caso, no como ejemplo. Fue paciente antes que otra cosa. Es nieto de migrantes españoles que llegaron a México después de una guerra, y dice que lo que heredó de eso fue una idea concreta: que el dinero solo se gana con el sudor de la frente, trabajando de sol a sol.

"Si yo no trabajaba de las seis de la mañana a las nueve de la noche, de lunes a domingo, no me sentía satisfecho."

Lo otro que dice de sí mismo es más incómodo, y lo dice sin rodeos: vivió veinticinco años en un rol de víctima.

Los tres factores

Su marco tiene tres piezas, y aclara que no funcionan por separado: "vienen juntos y pegados".

Transgeneracional. Lo que traes de tus antepasados aunque no los hayas conocido: sus condiciones, sus miedos, sus estrategias de supervivencia.

Conductual. Lo que la familia y la sociedad te dicen que debes hacer y ser. Su ejemplo: el rol asignado a las mujeres. Y añade el mecanismo de castigo, que es lo interesante: si te sales del parámetro, eres mal visto. "A la oveja negra es a la que hay que pegarle, porque es la que se sale del rebaño."

De pensamiento. Las creencias limitantes propiamente dichas. Lo que crees que puedes y no puedes.

Lo que la ciencia sí dice de lo transgeneracional

Aquí el episodio menciona un experimento con animales, y vale la pena precisarlo porque existe y es más interesante de lo que parece.

Fue en la Universidad de Emory. Los investigadores Brian Dias y Kerry Ressler condicionaron ratones —no ratas— a temer un olor concreto, acetofenona, que huele a flor de cerezo, emparejándolo con una descarga leve. Los ratones aprendieron a asustarse con ese olor.

Lo que encontraron después es lo notable: sus hijos y sus nietos reaccionaban con más sensibilidad a ese olor específico, y no a otros, sin haberlo experimentado nunca. En el esperma de los animales condicionados hallaron un cambio epigenético: menos metilación en el gen del receptor de ese olor. El estudio se publicó en Nature Neuroscience a finales de 2013.

Ahora los matices, porque importan.

Es un estudio en ratones, no en personas. En humanos la evidencia es mucho más débil y sigue en discusión: varios especialistas cuestionaron desde el principio qué tanto se puede extrapolar. Y sobre todo: lo que se transmite no es "el trauma" ni cambia tu ADN. El ADN es el mismo; lo que cambia son marcas químicas encima de él que regulan qué genes se expresan.

O sea: la intuición del episodio tiene una base real, pero la versión responsable es más modesta. Y esa versión modesta sigue sirviendo, porque hay un canal que nadie discute y que es el del jamón: lo que se hereda con más fuerza son las conductas y las historias que nos contamos, no la biología.

No existen víctimas exitosas

Esta es la parte más dura del episodio y la dice desde su propia experiencia.

"Si algo aprendí en terapia es que no existen víctimas exitosas."

Su definición de rol de víctima no es dramática: es simplemente atribuirle a un tercero —el gobierno, la crisis, el entorno, la familia— la responsabilidad de la propia situación. Y explica por qué es tan cómodo: "siempre busco a un culpable para justificar mi condición".

Lo que cuenta de salir de ahí es lo más honesto de la conversación: da miedo. "Por primera vez en mi vida me tuve que hacer responsable de mis decisiones, de mis acciones y, lo más importante, de mis pensamientos."

Y de ahí sale su frase sobre el dinero, que es la más aplicable: "tu situación económica no es otra cosa más que el resultado de tus decisiones y de tus acciones."

Sobre la queja tiene una observación que vale como advertencia. Dice que quejarse produce un alivio químico momentáneo, como una pequeña dosis, y que el cuerpo se acostumbra a buscarla: mientras más te quejas, más necesitas quejarte. Lo pone como algo que él tuvo que trabajar, no como reproche a nadie.

Conviene decir el matiz que él mismo pone y que suele perderse cuando se cita este tipo de discurso: sí existen factores estructurales reales. Él lo dice literalmente —"evidentemente hay factores que te van a afectar, eso no está a discusión"—. Su argumento no es que no existan; es que no puedes vivir toda la vida ahí.

El entorno es más fuerte que la voluntad

Su segunda idea más útil, y la más incómoda para quien no quiere moverse.

"Si a un alcohólico lo pones a trabajar en una cantina, tarde o temprano va a recaer."

Su aplicación: si te quedas en el mismo entorno, el entorno te jala. No es un juicio sobre la gente de ese entorno —él es de barrio y lo dice—, es una constatación sobre el efecto de la compañía. "Si te juntas con cinco personas que están tomando, vas a ser el sexto. Si te juntas con cinco que están hablando de cómo salir adelante, también."

Y la contraparte práctica: buscar deliberadamente relación con gente que ya está donde tú quieres estar.

Sobre estudiar, su respuesta al "no tengo recursos" es directa: hay charlas gratuitas en YouTube dadas por gente a la que en otro contexto tendrías que pagarle una maestría. "El que no quiere estudiar es porque no quiere."

Vale ponerle el matiz honesto: eso es cierto y no es completo. El acceso a internet no reparte igual el tiempo libre, la energía después de una jornada doble ni el ancho de banda mental de quien está resolviendo el día. Lo que sí se sostiene de su argumento es lo otro que dice: casi todo el mundo tiene más tiempo del que cree, y lo está gastando en otra cosa.

Tres precisiones y una confirmación

Van sin drama, porque el episodio se sostiene mejor con los datos exactos.

La frase de Bill Gates no es de Bill Gates. "Si naces pobre no es tu culpa; si mueres pobre sí lo es" circula por todo internet con su nombre, pero no existe registro de que la haya dicho. Se le ha atribuido también a su padre y hay antecedentes temáticos desde 1903. La idea puede discutirse por sus méritos; la firma no es real.

La corredora fue Kathrine Switzer, en Boston, 1967. En el episodio se duda entre Nueva York, Chicago y Boston. Fue el Maratón de Boston del 19 de abril de 1967. Se inscribió como "K. V. Switzer", corrió con el dorsal 261, y un oficial de la carrera, Jock Semple, intentó arrancárselo en plena ruta. Terminó la carrera.

Y las mujeres en México votaron por primera vez a nivel federal en 1955, tras la reforma constitucional de 1953. El episodio calcula "hace 60 o 70 años" y se queda corto por poco: son poco más de setenta.

La confirmación: el dato de China es correcto. Según el Banco Mundial, la pobreza extrema en China pasó de alrededor del 88% en 1981 a cerca del 0.2% en 2019 —unos 800 millones de personas—. Lorenzo lo cita de memoria y no se equivoca.

Y una nota al pie divertida: sobre cuántos libros lee un mexicano al año, él estima "tres o cuatro". El Módulo sobre Lectura del INEGI de 2025 reporta un promedio de 4.2 libros entre quienes leen libros. Le atinó.

Qué hacer esta semana

Busca tu jamón. ¿Qué haces de una manera determinada solo porque así se hacía en tu casa? Empieza por algo chiquito. La pregunta correcta es "¿de dónde salió esto?", no "¿está bien o mal?".

Actualiza una creencia sobre dinero. Escribe la frase que oías de niño —"el dinero se va como agua", "el dinero no crece en los árboles"— y decide si hoy sigue siendo cierta para ti o si era la receta de un refractario que ya no tienes.

Revisa una queja recurrente. Si llevas años diciendo la misma frase sobre lo mismo, deja de contarla una semana y observa qué pasa.

Cambia una hora de entorno. No hace falta mudarse. Una conversación semanal con alguien que ya está donde quieres estar mueve más que un año de intención.

Y pon la recompensa más lejos. Es su punto de fondo: casi todo lo que vale requiere posponer el placer inmediato. Sobre cómo hacer que un plan de cambio realmente quepa en tu semana escribimos en este otro episodio, y sobre lo que se hereda dentro de una casa, en cómo educar a un hijo.

Una nota necesaria: esto es una conversación de desarrollo personal, no atención psicológica. Lorenzo habla como alguien que pasó por terapia, no como terapeuta, y él mismo lo aclara varias veces en el episodio. Si lo que traes es ansiedad, depresión o un trauma, eso se atiende con un profesional de salud mental.

El episodio

La conversación completa con Lorenzo Pérez Prieto en Una Plática Muy Natural.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las creencias limitantes?

Son ideas sobre lo que puedes o no puedes hacer que aprendiste sin examinarlas, casi siempre en la infancia, y que hoy te frenan aunque ya no correspondan a tu realidad. La clave del episodio es que nadie te las actualizó.

¿Se heredan los traumas de los abuelos?

Hay evidencia en animales de que ciertas sensibilidades se transmiten por cambios epigenéticos, pero en humanos la evidencia es débil y sigue en discusión. Lo que sí se hereda de forma clara son las conductas y las historias familiares que se repiten sin cuestionarse.

¿Cómo cambiar una creencia limitante?

Según el método que plantea Lorenzo Pérez Prieto: primero identificarla, después decidir si la cambias o la resignificas —conservar el gesto sabiendo que ya no obedece a la razón original—. Y antes de todo, tomar conciencia de que quieres el cambio.

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