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La tentación es un examen: así se estudia para pasarlo

29 mar 2024
7 min de lectura

Actualizado: hace 3 días

"¿Qué pasaría si leyéramos más de lo que hacemos popó y oráramos más de lo que hacemos pipí?"

Marto lo dice en serio, y detrás de la frase hay un método que le funcionó a un niño de doce años con un problema que la mayoría de los adultos que conozco no habría podido cargar.

La palabra que casi nadie traduce completa

Empieza por el idioma, y aquí tiene razón.

La palabra que en el Nuevo Testamento se traduce como "tentación" es peirasmós (πειρασμός). Y su primera acepción en el léxico de Strong no es "seducción": es poner a prueba por experimento del bien. Es decir, un examen.

Eso cambia el marco completo. Un examen no es algo que te cae encima; es algo para lo que te preparas.

Y Marto señala el detalle del texto que lo confirma: antes de ser tentado, Jesús ayunó y oró cuarenta días (Mateo 4:1-2, RVR1960). "Uno pensaría que Jesús no necesitaba orar, que ya estaba conectado. Jesús estudió para el examen."

De ahí sale su enseñanza, que cabe en una línea: se estudia orando, leyendo y adorando, antes de que llegue el examen. No durante.

Quién es Marto

Martín —Marto desde sexto de primaria— es rapero y pastor. Lleva más de veinte años en el ministerio de tiempo completo, tiene su propia congregación y hace brigadas mensuales en la calle con personas en situación de calle, de donde salen jóvenes que se van a rehabilitar y regresan a la iglesia.

Su lugar en la escena es particular: escribe rap explícito en contra del rap explícito. Su disco más reciente, Tabú Vol. 2, va justamente sobre lo que nadie quiere tocar.

Y dice algo que explica su libertad: "yo no vivo de esto, yo vivo del ministerio de Marto. Así que prefiero que se me vacíe y quedarme con diez fregones."

El muchacho del campamento

Esta es la historia que sostiene todo el episodio.

Marto cerraba un campamento de adolescentes. Le pidieron una plenaria extra que no tenía preparada, y enseñó justo esto de los exámenes. Al final dijo algo que no había planeado: si estás batallando con un examen difícil, que no te dé pena pedir ayuda.

Se le acercó un niño de doce años. "Tú dijiste que pidiéramos ayuda. Te la estoy pidiendo."

Marto intentó tranquilizarlo con la respuesta genérica. El niño lo interrumpió llorando: lo hacía entre trece y quince veces al día.

En vez de contestar, Marto le hizo plática. Y salió el contexto: papá alcohólico que le pegaba a su mamá, mamá trabajando todo el día en una lavandería, el niño solo en casa la mayor parte del tiempo. Estaba en ese campamento porque unos primos le habían pagado la inscripción para sacarlo de ahí ese verano.

Entonces Marto se hizo la pregunta que ordena el resto del artículo: ¿qué capacidad de estudio tenía ese niño?

"¿Tú crees que yo le podía decir léete la Biblia de Génesis a Mapas?"

Lo que le propuso fue del tamaño de su vida real. Cada vez que fuera al baño a orinar, oraría; y cada vez que fuera del dos, leería un salmo. Nada más.

Estuvieron en contacto por WhatsApp dos o tres meses. El niño recayó una vez. Y salió.

Antes de seguir: lo que este caso también necesitaba

Marto no es psicólogo y no pretende serlo, pero conviene decir aquí lo que él no dijo, porque alguien puede leer esto y estar en la misma situación.

Un patrón sexual compulsivo de esa intensidad no es solo un tema espiritual. Desde 2022 la Organización Mundial de la Salud lo reconoce como diagnóstico en la CIE-11 —trastorno de comportamiento sexual compulsivo, código 6C72— y responde a tratamiento psicológico. Buscar terapia no es falta de fe; es usar otra herramienta.

Y hay algo más grave todavía en ese relato: un niño de doce años en una casa donde el padre golpea a la madre es, antes que nada, un asunto de protección infantil. Si conoces a un menor en esa situación en México, la denuncia va al 911 en emergencia, o a la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de tu estado.

Que la oración le haya servido a ese niño es cierto y es hermoso. Que además hacía falta que alguien mirara su casa, también.

No todos tienen la misma capacidad de estudio

Esta es la idea más humana del episodio y casi nadie la predica.

La conclusión de Marto no fue "con orar basta". Fue que el plan de estudio tiene que caber en la vida que la persona realmente tiene. Un niño solo en una casa violenta no puede con un plan de lectura de dos horas diarias. Puede con lo que cabe en un baño.

"Dios conoce tu capacidad de estudio. No te presiones de más, pero tampoco te hagas menso."

Y él aplicó lo mismo a sí mismo, con una honestidad que no se estila: dice que odia leer. Cuando entendió que iba a pastorear, su reacción fue "tú y yo tenemos un problema". Su solución fue una Biblia en cada baño de su casa.

El principio sirve para cualquiera: si el plan que te propusieron no cabe en tu semana, el problema no es tu falta de amor a Dios. Es el plan.

El antídoto usa el mismo veneno

La otra mitad del episodio es sobre música, y ahí está su tesis pública.

"El mundo no sabe el poder de la lengua. Pero ¿sabes quién sí lo sabe? Todos los cantantes."

Su argumento: si la palabra cantada tiene poder, el cantante elige para qué lo usa. Puede vender comida chatarra o puede hacer un bien. Él eligió hace veinte años, y su método es deliberado: revisa cada semana las listas —mexicana, gringa, mundial— para saber exactamente qué está pegando. "Ese es el combustible para escribir justamente lo contrario."

De ahí viene su canción Good Marto vs Bad Bunny, cuyo coro dice: "veo sus redes sociales y todo es una estúpida guerra de egos... escucho en su lírica la libertad que te presumen tener, ¿cómo va a ser, si son esclavos del dinero?"

Su lectura de por qué la iglesia no hace esto: "les da miedo usar el veneno para el antídoto." Y su ejemplo es concreto: usar el lenguaje de la calle capta la atención de un chavo en segundos, donde una prédica bien armada no llega.

Sobre el efecto real de las letras explícitas en las familias ya escribimos aquí. Y su respuesta al desánimo —¿para qué, si nadie te ve y ellos tienen millones de vistas?— es la frase que más se le queda a uno: "no puedes cambiar el mundo, pero sí el mundo de una persona."

La parte incómoda

Aquí Marto dice algo fuerte sobre su propio gremio, y hay que reportarlo con su matiz.

Cuando se le pregunta por qué muchos pastores evitan predicar de sexualidad, dinero o pureza, su respuesta no es la esperada. Cuenta que una vez tuvo que predicar santidad a doscientos pastores, y que antes había hablado con sus hijos y les había pedido que le escribieran en papelitos qué pasaba en sus casas. Leyó los papelitos en voz alta.

Pero su conclusión no fue esa: "yo más bien creo que están preocupados por llenar su auditorio. Hay otra clase de prédicas que se sienten más rico al escucharse. Creo que es más avaricia que falta de santidad."

Y él mismo relativiza enseguida: "sin duda son las dos, y habrá otras razones más". Su explicación es económica y no moral: muchas congregaciones quedaron golpeadas después de la pandemia, algunas endeudadas, y el temor a vaciar el lugar pesa. Él reconoce estar en una posición privilegiada porque no vive de la ofrenda de su iglesia.

Vale tomarlo como lo que es: la percepción de alguien que visita cerca de doscientas iglesias al año, no un dato. Pero la pregunta que deja es válida para cualquiera que enseñe: ¿hay algo que no digo porque me conviene no decirlo?

Transparencia como método

Lo último que hay que rescatar del episodio es una práctica suya que suena menor y no lo es.

Un domingo llegó peleado con su esposa cinco minutos antes de predicar. En vez de fingir, se lo dijo a la iglesia: vengo peleado, mírenme la cara, oren por mí ahorita en la alabanza porque tengo que darles esta enseñanza.

"La mayoría finge. Y como el matrimonio pastoral es una ilusión para la iglesia, la gente se desanima: yo nunca voy a tener eso."

Su argumento es que la transparencia le ha salvado el matrimonio, que lleva veintiún años y no ha sido fácil. Habla sin adornos de que sigue pagando consecuencias de decisiones de su juventud —"la gente cree que va a vivir sin consecuencias de todo lo que hace"— y de que varios pastores le han metido la mano a la calabaza para restaurarlos.

Y menciona algo que en su medio se discute: estar bajo cobertura, tener a alguien a quien rendirle cuentas y que le jale las orejas. "Para mí lo es. Y le jala las orejas a ella también."

Qué hacer esta semana

Diseña un plan que quepa en tu vida real. No el que suena espiritual: el que vas a poder cumplir el martes a las siete de la mañana. Uno que cumples vale más que diez que abandonas.

Estudia antes del examen, no durante. La preparación es lo que hay en tu cabeza cuando llega el momento, y en ese momento ya no da tiempo de prepararse.

Si estás batallando, dilo. Marto lo dice y vale repetirlo: pedir ayuda no es debilidad, es lo que hace la diferencia en los exámenes difíciles.

Y si lo que traes es compulsivo, suma un terapeuta. Orar y leer ayudan. Un profesional también. No compiten.

Revisa lo que suena en tu casa. No para prohibir, sino para conversar. Sobre cómo hacerlo sin volverte policía escribimos en cómo educar a un hijo.

Y el cierre lo pidió él mismo, así que va textual: "todo lo que salió de mi hocico, fíltralo por la Biblia" —examinadlo todo, retened lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21, RVR1960)—.

El episodio

La conversación completa con Marto en Una Plática Muy Natural. También está en Spotify:

Preguntas frecuentes

¿Qué significa realmente la palabra "tentación" en la Biblia?

El término griego es peirasmós, y su primera acepción es poner a prueba por experimento: un examen o una prueba. Por eso la imagen de "estudiar" para la tentación no es una metáfora forzada, viene de la palabra misma.

¿Cómo se "estudia" para una tentación?

Orando, leyendo y adorando antes de que llegue, no durante. Y con un plan que quepa en la vida real de cada quien: la clave del episodio es que la capacidad de estudio de cada persona es distinta.

¿Cuándo hay que buscar ayuda profesional?

Cuando la conducta es repetitiva, la persona ha intentado parar sin lograrlo y le está afectando la vida. La OMS reconoce el trastorno de comportamiento sexual compulsivo en la CIE-11 desde 2022, y responde a tratamiento psicológico.

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