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Therian: análisis formal sobre sus implicaciones psicológicas, sociales y espirituales

El término therian proviene del griego therion (animal) y anthropos (humano). En su uso contemporáneo, describe a personas que afirman identificarse interna o espiritualmente como un animal no humano.


A diferencia de los trastornos psicóticos clásicos, la mayoría de los therian declaran que no creen transformarse físicamente en animales. Su identificación suele describirse como psicológica, espiritual o identitaria.

El fenómeno emergió en comunidades virtuales durante la década de 1990 y se consolidó en redes sociales en la década de 2020.



Consecuencias psicológicas del fenómeno therian

Identidad en formación y vulnerabilidad adolescente

La adolescencia es una etapa caracterizada por la búsqueda de identidad. Erik Erikson definía este período como una crisis entre identidad y confusión de roles.


Cuando la identidad central se construye alrededor de una autopercepción no humana, pueden surgir riesgos como:

  • Confusión prolongada del autoconcepto

  • Dificultad para integrar la identidad corporal

  • Dependencia excesiva de validación grupal

  • Escapismo frente a conflictos personales


Si la identificación animal sustituye la construcción madura de identidad humana, puede generar una fragmentación del yo.


Therian

Posible disociación simbólica

En algunos casos, la narrativa del “animal interior” puede funcionar como mecanismo de defensa frente a:


  • Trauma

  • Rechazo social

  • Baja autoestima

  • Sensación de inadaptación


El riesgo aparece cuando el recurso simbólico se convierte en evasión persistente de la realidad.


Consecuencias espirituales del fenómeno therian

Desplazamiento de la antropología clásica


Desde una perspectiva espiritual y antropológica, el riesgo no está en usar una máscara o en explorar símbolos animales, sino en sustituir la identidad humana por una identidad instintiva. Cuando una persona comienza a definirse esencialmente como animal, puede debilitarse el sentido de responsabilidad moral, ya que los animales no operan bajo categorías de bien y mal, sino de impulso. Si el discurso pasa de “es una metáfora” a “así soy por naturaleza”, existe el peligro de justificar conductas agresivas, desordenadas o desinhibidas bajo la idea de instinto, diluyendo la conciencia ética que distingue al ser humano.


En términos espirituales, esto implica una pérdida del concepto de dignidad trascendente. La tradición judeocristiana afirma que el ser humano es portador de imagen divina, llamado a dominar sus impulsos y vivir con propósito. Cuando esa narrativa se reemplaza por una identidad animalizada, puede surgir confusión del yo, relativización moral y una visión del cuerpo y la sexualidad desligada de responsabilidad. El problema no es la estética ni la expresión cultural, sino cuando la identidad deja de elevar al ser humano y comienza a reducirlo.


Espiritualidad sin marco trascendente

Algunas narrativas therian integran elementos espirituales sin estructura doctrinal definida. Esto puede derivar en:

  • Sincretismo difuso

  • Espiritualidad subjetiva sin criterio externo

  • Construcción de sentido basada exclusivamente en experiencia individual


El riesgo no es la metáfora animal, sino la absolutización de una experiencia subjetiva sin referencia trascendente sólida.


Therian

El trato y el recibimiento social: entre indignación y discernimiento

El fenómeno therian ha provocado en muchos sectores una reacción inmediata de indignación social. Para algunos, representa una ruptura con la noción tradicional de identidad humana; para otros, es simplemente una expresión juvenil amplificada por redes sociales. La reacción de molestia suele surgir cuando se percibe que se está desdibujando algo considerado esencial: la dignidad y singularidad del ser humano.

Sin embargo, la indignación por sí sola no construye soluciones. La respuesta social puede caer en dos extremos igualmente problemáticos:

  • Ridiculización y burla, que generan más aislamiento.

  • Aprobación acrítica, que evita el análisis profundo.

La indignación, cuando no está acompañada de discernimiento, se convierte en reacción emocional y no en reflexión ética.


Indignación sin dirección vs. verdad con responsabilidad

Desde una perspectiva moral y espiritual, la indignación puede ser legítima cuando surge de la preocupación por la dignidad humana. La Biblia misma reconoce una indignación justa frente a lo que distorsiona el diseño original (Efesios 4:26). Pero también advierte contra respuestas impulsivas que destruyen en lugar de restaurar.

El trato social debe equilibrar:

  • Firmeza en principios

  • Respeto por la persona

  • Acompañamiento responsable

  • Claridad moral sin humillación

El problema no es cuestionar el fenómeno.El problema es deshumanizar a quien está en medio de él.


¿Es el fenómeno therian un trastorno clínico?

El término “therian” no aparece como diagnóstico oficial en manuales psiquiátricos como el DSM-5.

Sin embargo, la intervención profesional puede ser necesaria cuando la identificación:

  • Genera deterioro funcional significativo

  • Produce angustia intensa

  • Impide el desarrollo académico o laboral

  • Sustituye completamente la identidad humana

La clave está en evaluar el impacto, no solo la etiqueta.


Therian

Mi Conclusión

Más allá de tendencias culturales o debates digitales, la pregunta central es: ¿quién soy delante de Dios? La Escritura afirma con claridad que el ser humano no es un accidente biológico ni una criatura gobernada por instinto, sino alguien creado con propósito y dignidad. “Y creó Dios al hombre a su imagen” (Génesis 1:27). Esa declaración establece una diferencia fundamental entre el hombre y los animales: conciencia moral, responsabilidad y capacidad de relación con su Creador. Cuando la identidad humana se diluye o se reduce al impulso, no solo se altera una percepción psicológica, sino que se debilita el entendimiento del diseño divino.


La Palabra también enseña que el corazón necesita dirección: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón” (Proverbios 4:23). No todo lo que sentimos define quiénes somos; nuestros impulsos no son nuestro señor. El llamado bíblico no es a negar la naturaleza, sino a ordenarla. Pablo escribe: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). La renovación implica afirmar nuestra identidad como personas responsables, llamadas a dominar nuestros instintos y no a ser dominados por ellos.


Desde una perspectiva pastoral, la respuesta no es condena ni burla, sino verdad con amor. La iglesia y la familia están llamadas a acompañar, orientar y recordar que la verdadera libertad no está en desdibujar lo humano, sino en redimirlo. Cristo no vino a animalizar al hombre, vino a restaurarlo. En Él, la identidad no se fragmenta; se afirma. Y cuando el ser humano redescubre que fue creado a imagen de Dios, recupera también su conciencia, su moral y su propósito eterno.



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Jerry Velazquez

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