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Miedo a los terremotos: ¿qué dice la Biblia al respecto?

18 ago
7 min de lectura

El miedo a los terremotos puede comenzar a las tres de la mañana. El teléfono está sobre el buró y una notificación enciende la pantalla: otro terremoto en alguna parte del mundo. Luego aparece un video, después otro, y en pocos minutos la mente ya construyó una pregunta difícil de apagar: “Si está temblando en tantos lugares, ¿debo tener miedo?”


El miedo a los terremotos es comprensible. La tierra es aquello que damos por seguro. Caminamos sobre ella, construimos nuestra casa sobre ella, dormimos confiando en que seguirá quieta. Cuando se mueve, aunque sea por unos segundos, algo también puede moverse dentro de nosotros.


La Biblia no se burla de ese temor. Tampoco nos enseña a fingir que nada nos afecta. Nos lleva a otro lugar: reconocer que hay cosas que no controlamos y, aun así, descubrir que nuestra seguridad más profunda no depende de que todo permanezca inmóvil.


Edificio colapsado tras un sismo, con losas de concreto rotas, ladrillos y escombros rojos y grises entre polvo.

Cuando la tierra se mueve, Dios sigue siendo refugio


El Salmo 46 fue escrito como un canto de confianza en Dios en medio del caos. Los hijos de Coré usan imágenes enormes: tierra removida, montes que caen, aguas que rugen. No están describiendo una vida cómoda.

Están diciendo que aun cuando lo que parecía estable deja de serlo, Dios no deja de ser refugio.

"Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar." (Salmo 46:2, RVR1960)

Ese “no temeremos” no significa que el cuerpo jamás sentirá sobresalto. Significa que el temor no tiene que gobernarnos. Puedes sentir que las piernas tiemblan y todavía decidir dónde pondrás tu confianza.


Imagina una familia después de un sismo. Son las 11:47 de la noche. Hay una mochila junto a la puerta, las llaves están sobre la mesa y una lámpara todavía se balancea un poco. Nadie necesita que alguien llegue diciendo: “No pasa nada”. Sí pasó algo. Lo que necesitan es verdad, calma, prudencia y compañía.


La fe bíblica no niega el movimiento de la tierra. Afirma que Dios sigue siendo Dios cuando la tierra se mueve.

¿Los terremotos significan que el fin ya llegó?

Cuando los discípulos preguntaron a Jesús por la destrucción del templo y por los acontecimientos futuros, él habló de guerras, hambres y terremotos. Pero antes de alimentar la curiosidad, puso un freno a la alarma.

"Mirad que no os turbéis... pero aún no es el fin." (Mateo 24:6, RVR1960)


En el versículo siguiente Jesús menciona “terremotos en diferentes lugares”. El punto no es que sus discípulos vivan pegados a cada noticia tratando de calcular una fecha. De hecho, en el mismo discurso Jesús advierte contra el engaño y llama a mantenerse fieles.


Esto importa porque una noticia puede convertirse rápidamente en una cadena de mensajes: “Ahora sí”, “esto nunca había pasado”, “prepárate porque viene algo peor”. Y a veces una persona termina más pendiente de videos alarmistas que de las palabras de Cristo.


También conviene separar los datos de la impresión que producen las redes. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que las variaciones temporales en la actividad sísmica mundial forman parte de fluctuaciones normales y que, por sí solas, no indican que un gran terremoto sea inminente. También señala que hoy se registran más eventos pequeños debido a que existen más instrumentos de medición.


Así que sí: los terremotos existen, pueden causar daño y Jesús habló de ellos. Pero usar cada sismo para anunciar que sabemos exactamente lo que ocurrirá mañana va más allá de lo que Jesús dijo.

La respuesta cristiana no es indiferencia. Es sobriedad.


Escombros de un hotel derrumbado con letrero HOTEl; policías y transeúntes observan entre humo y polvo.

¿Cómo vencer el miedo a los terremotos sin negar lo que siento?


Hay creyentes que se sienten culpables por tener miedo. Piensan que una reacción de ansiedad demuestra falta de fe. No necesariamente.


El Salmo 112 describe a una persona que aprende a vivir confiando en Dios. No dice que nunca recibirá noticias difíciles. Dice algo distinto:

"No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová." (Salmo 112:7, RVR1960)

El contexto habla de una vida orientada hacia Dios, generosa y estable. Esa firmeza no nace de controlar las circunstancias, sino de tener el corazón apoyado en alguien mayor que las circunstancias.


Tal vez te ocurre esto: escuchas la alerta sísmica y, aun después de que todo terminó, sigues revisando puertas, ventanas y mensajes. Te acuestas, pero tu oído permanece atento a cualquier ruido. El refrigerador enciende y tu cuerpo se sobresalta. Eso no se arregla con una regañina espiritual.


Puedes orar. Puedes hablar con alguien de confianza. Puedes reducir la exposición a contenido alarmista. Y si el miedo está interfiriendo de forma persistente con tu sueño, tu trabajo o tu vida diaria, buscar apoyo profesional puede ser una decisión sabia, junto con el acompañamiento de tu iglesia local.


Dios no te pide que finjas serenidad. Te invita a llevarle lo que de verdad está pasando dentro de ti.


La paz de Jesús no depende de un suelo inmóvil

La noche antes de la crucifixión, Jesús habló con sus discípulos sabiendo que ellos estaban por enfrentar confusión, pérdida y miedo. No les prometió una semana tranquila. Les prometió su paz.


"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da." (Juan 14:27, RVR1960)

Esa paz no es una burbuja donde nunca sucede nada malo. Es la presencia de Cristo sosteniendo el corazón cuando no tenemos todas las respuestas.


Esto cambia la pregunta. En lugar de vivir diciendo: “¿Cómo hago para asegurarme de que nada malo suceda?”, podemos aprender a preguntar: “¿Cómo vivo fielmente hoy, aun sabiendo que no controlo todo?”


Pablo enseñó algo parecido a los creyentes de Filipos. No les habló desde una vida libre de presión. Les enseñó a llevar sus preocupaciones a Dios de manera concreta.


"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias." (Filipenses 4:6, RVR1960)

Orar no es repetir “no tengo miedo” hasta convencernos. Es poder decir: “Señor, sí tengo miedo. Me preocupa mi familia. Me preocupa mi casa. Me preocupa no saber qué puede pasar. Aquí está mi carga”.

Eso ya es oración.


Y después viene algo muy humano: hacer lo que sí nos corresponde. Revisar un plan familiar, conocer las zonas seguras indicadas por las autoridades, mantener documentos importantes localizables y hablar con los niños sin asustarlos. La fe no compite con la prudencia.


¿Dónde está Dios cuando ocurre un desastre?

Esta quizá sea la pregunta más dolorosa. No siempre aparece mientras tiembla. A veces llega después, cuando vemos edificios destruidos, familias buscando a alguien o personas que perdieron en minutos lo que construyeron durante años.

No conviene responder con explicaciones rápidas. El sufrimiento ajeno merece respeto.


La Biblia tampoco presenta a los creyentes como personas intocables. En Romanos 8, Pablo habla de tribulación, angustia, persecución y peligro. Y en ese mismo contexto escribe:

"Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." (Romanos 8:37, RVR1960)

Ser “más que vencedores” no significa que jamás lloraremos ni que nuestra casa nunca sufrirá daño. Pablo está diciendo que ninguna de esas cosas puede destruir el amor de Dios que recibimos en Cristo.

Ahí está el centro de nuestra esperanza.


Jesús no observó el sufrimiento humano desde lejos. Entró en nuestra fragilidad, lloró, padeció y murió. Y resucitó. Por eso la esperanza cristiana no depende de repetir que “todo estará bien” en el sentido de que todo saldrá como queremos. Descansa en que pertenecemos a Cristo, incluso cuando enfrentamos situaciones que no podemos explicar.

Pedro escribió a creyentes que conocían la presión y la incertidumbre. Su consejo fue sencillo:

"Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." (1 Pedro 5:7, RVR1960)

No dice: “Niega tu ansiedad”. Dice: échala sobre él. Entrégala. Vuelve a hacerlo mañana si hace falta.


Miedo a los terremotos

Qué puedes hacer esta semana si los sismos te están llenando de miedo


La fe puede aterrizar en decisiones pequeñas. No necesitas resolver todas tus preguntas sobre el futuro. Empieza por lo que tienes delante.

  1. Limita tus fuentes de información. Elige una o dos fuentes oficiales para enterarte de sismos y medidas de protección. Evita pasar la noche saltando entre videos, rumores y cadenas sin verificar.

  2. Haz una oración específica cada día. No digas solamente “Señor, dame paz”. Nombra aquello que te inquieta: tus hijos, tu vivienda, estar solo durante un sismo o perder el control. Cinco minutos con palabras sinceras pueden ayudarte a dejar de esconder lo que sientes.

  3. Revisa tu preparación familiar. Aparta 20 minutos para hablar sobre qué hacer si ocurre un sismo. Define un punto de encuentro, revisa teléfonos de contacto y sigue las recomendaciones de protección civil de tu localidad. Prepararte no significa vivir asustado; significa actuar con responsabilidad.

  4. Pon un horario para dejar de consumir noticias. Por ejemplo, después de las 9:00 de la noche, guarda el teléfono y deja de buscar videos de terremotos. Si algo verdaderamente urgente ocurre en tu zona, utiliza los canales oficiales disponibles.

  5. Habla si el miedo ya está dominando tu rutina. Si has dejado de dormir, evitas salir, tienes episodios frecuentes de angustia o tu mente permanece atrapada en la posibilidad de un desastre, busca apoyo. Conversa con un pastor maduro y considera acudir con un profesional de la salud mental. Pedir ayuda no cancela la fe.


Una oración cuando siento miedo

Señor Jesús, hoy reconozco que hay cosas que me asustan y no puedo controlar.Cuando las noticias me llenen de temor, ayúdame a volver mi corazón hacia ti.Dame sabiduría para actuar con prudencia y paz para no vivir dominado por la angustia.Cuida mi mente, acompaña a mi familia y enséñame a descansar en tu amor. Amén.


Si la tierra tiembla, ¿qué permanece?

Hay cosas que creemos firmes hasta que se mueven: una pared, un trabajo, una cuenta bancaria, la salud, los planes del próximo mes.

Y quizá por eso un terremoto nos confronta tanto. Nos muestra que somos humanos.


Pero el mensaje de la Biblia no es: “Nada se moverá”. Es mejor que eso. Aunque algo se mueva, Cristo permanece.

No necesitas conocer la fecha del próximo sismo para vivir con esperanza hoy. Puedes informarte, prepararte, cuidar de los tuyos y seguir adelante sin entregar tu corazón al miedo.


La tierra puede temblar. Tu confianza no tiene que vivir temblando con ella.


Escrito por Jerry Velazquez

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